9- Doctrina Monroe. Cuba y Panamá

 La Doctrina Monroe

La Doctrina Monroe representó una severa advertencia a las potencias europeas, al rechazar la intervención de Europa en los asuntos americanos. En el siglo XX, el presidente Theodore Roosevelt ampliaba el alcance de esta política y afirmaba el derecho exclusivo de los Estados Unidos a garantizar el orden en las repúblicas vecinas.

Se atribuía así el papel de «policía internacional» y el derecho a interferir por la fuerza cuando la situación de inestabilidad, desorden o amenaza a los intereses norteamericanos en el continente lo requiriera.

 

El protectorado en Cuba

Después de la guerra con España, Cuba fue ocupada por Estados Unidos, que designó a un general norteamericano como gobernador militar de la isla. Y en 1902, Cuba debió aceptar la incorporación en su Constitución de un documento elaborado por el senador O. H. Platt.

El texto, conocido como «Enmienda Platt», establecía por un lado, el derecho de Estados Unidos a intervenir en Cuba para la preservación de la independencia cubana y el mantenimiento de un gobierno «adecuado». Por el otro, dejaba asentado que todos los actos realizados por EE.UU. durante la ocupación militar –que duró cuatro años– serían considerados válidos, es decir, no serían cuestionados. 

Con el pretexto de garantizar la independencia de Cuba y su defensa, la enmienda Platt exigía al gobierno cubano ceder la isla de Pinos y la venta o arrendamiento a los EE.UU. de las tierras necesarias para carboneras o estaciones navales en ciertos puntos determinados de la isla. Así obtuvieron la base de Guantánamo, en el extremo oriental de la isla, que aún hoy conservan unilateralmente. La enmienda Platt, que significó un verdadero protectorado sobre Cuba, fue eliminada recién en 1934. 

Además, la ocupación permitió consolidar el dominio de las compañías azucareras norteamericanas. Cuba reportó grandes beneficios: las empresas adquirieron tierras a gran escala e instalaron en ellas nuevos ingenios modernos y ferrocarriles privados. Además, invirtieron en la producción minera (níquel) y tabacalera. Se impuso la reducción de los derechos aduaneros a los productos estadounidenses; es decir, facilidades para ingresar al mercado cubano. Así, algunos magnates extendieron sus negocios a todo el Caribe; John Rockefeller, por ejemplo, instaló en la isla sucursales del National City Bank. 

 

El canal de Panamá

En 1855, los capitales norteamericanos construyeron el ferrocarril interoceánico en Panamá, que permitió unir rápidamente ambas costas. En 1903, el presidente Roosevelt alentó un proyecto más ambicioso, la apertura de un canal que comunicara ambos océanos. Y con este fin, promovió una revolución separatista de la provincia colombiana de Panamá, para obtener el control exclusivo del futuro canal.

Panamá nació entonces como una débil república, independiente de Colombia y bajo el protectorado norteamericano. La Constitución panameña de 1904 incorporó una enmienda que garantizaba el derecho de Estados Unidos a intervenir en cualquier asunto del país para restablecer la paz y el orden, o para proteger su independencia. 

La nueva república quedó territorialmente dividida por la zona del canal, bajo control extranjero, y cedida a perpetuidad. La construcción del canal representó una gigantesca obra de ingeniería: llevó una década unir los dos océanos, y miles de trabajadores trasladados a la zona murieron a causa de las habituales enfermedades tropicales, especialmente las epidemias de fiebre amarilla.

La travesía del canal, que tiene unos 82 km de largo, permitió a Estados Unidos la comunicación directa entre sus dos costas, acortando las distancias por mar entre Nueva York y San Francisco, California. Los buques tardan nueve horas en atravesar el sistema de esclusas que regulan el caudal de agua y permiten elevar las embarcaciones, para salvar el desnivel del mar entre el Caribe y el océano Pacífico.

En 1914, un buque de bandera estadounidense atravesó el paso interoceánico por primera vez. El control del canal modificó la estrategia norteamericana y dio un nuevo impulso a su política imperialista en el Caribe. La posesión del canal de Panamá fue el símbolo más evidente del neocolonialismo norteamericano. 

 


En 1898, la anexión de las islas Hawai y la posesión de las Filipinas permiten a los Estados Unidos consolidar sus intereses comerciales con el Lejano Oriente, los mercados de China y Japón. 

En Hawai se expanden las plantaciones azucareras para el mercado norteamericano, y se instala la base naval de Pearl Harbor. El comercio con países del Pacífico alentará el proyecto de apertura de un canal interoceánico que comunique ambos océanos a través de América Central.

En principio se había proyectado su construcción en Nicaragua, pero mientras tanto una compañía privada francesa obtuvo el permiso para construir el canal en Panamá. 

Sin embargo, esta empresa quebró, y en 1902 el Congreso norteamericano autorizó la compra de la compañía y la adquisición al gobierno colombiano del dominio perpetuo sobre una franja de tierra situada en su territorio así como el uso exclusivo del canal. El Senado de Colombia rechazó el tratado. 

Esta postura llevó al presidente norteamericano Roosevelt a apoyar abiertamente un movimiento separatista panameño. En 1903, los marines norteamericanos desembarcan en la ciudad y el gobierno de Washington reconoce al nuevo país, que cede a los Estados Unidos a perpetuidad una banda de tierra del Atlántico al Pacífico. A cambio recibe una regalía de diez millones de dólares y el pago de un arriendo de 250.000 dólares anuales. 

La Zona del Canal de Panamá, bajo jurisdicción norteamericana, ocupa unas 94.000 hectáreas. El canal fue inaugurado en 1914. En 1921, Estados Unidos indemnizó económicamente a Colombia por «la pérdida» de Panamá con 25 millones dólares, lo que significaba un reconocimiento de su responsabilidad en la independencia de esta provincia.

 


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