8- La irrupción norteamericana en América latina
La irrupción norteamericana en América Latina
Desde su independencia (1776), los Estados Unidos pretendieron ampliar el territorio original de las trece colonias, con la conquista del Oeste. Estas regiones estaban en manos de los indios Apaches, Navajos, Hopi, Sioux, Cherokee, Iroqueses, Cheyenne, Comanches y otros, que no fueron reconocidos como ciudadanos sino que fueron confinados, tras el exterminio casi masivo, en territorios llamados reservas. Otras regiones fueron compradas a países europeos como Francia, España y Rusia.
Desde mediados del siglo XIX, la prensa y los políticos expansionistas norteamericanos postulaban la idea del «Destino Manifiesto», es decir, que Estados Unidos dominaría América del Norte, y que estaba destinada a convertirse en una gran nación. Con este propósito, el gobierno presentó una oferta formal a España para adquirir Cuba (última colonia española en América), y también impulsó los planes de anexión de Texas y la frontera mexicana. Finalmente, en 1846 los norteamericanos desembarcaron tropas en el puerto mexicano de Veracruz e invadieron California. La guerra terminó en 1848 y, tras el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, México tuvo que ceder todos los territorios al norte del río Grande: los actuales estados de California, Texas, Arizona, Nueva México, Nevada y Utah.
A fines del siglo XIX, a raíz de la lucha por la independencia de Cuba, Estados Unidos intervino a favor de los cubanos y declaró la guerra a España. Esta potencia europea en decadencia no sólo perdió la guerra con los norteamericanos en 1898, sino también su flota y sus últimas colonias en América. La isla de puerto rico fue transferida a los Estados Unidos y en esta «espléndida guerrita», como la definió el secretario de Estado, los norteamericanos obtuvieron, además, una base naval en Cuba (Guantánamo), y las Islas Guam y Filipinas en el Pacífico, estas últimas cedidas a cambio de 20 millones de dólares.
El imperialismo y la diplomacia del «garrote»
A la expansión y control del mar Caribe, siguió la instalación de bases navales exclusivas en Puerto Rico y en Cuba. Y luego, Estados Unidos extendió sus intereses estratégicos hacia Centroamérica, con el proyecto de abrir un canal interoceánico, primero en Nicaragua y luego en Panamá.
El presidente Theodore Roosevelt (1901-1909) promovió una política exterior agresiva, a través de un activo intervencionismo en los países vecinos: el desembarco de tropas, la ocupación de puertos y el control de aduanas. Esta diplomacia norteamericana fue conocida como política del garrote (big stick).
Roosevelt consideraba a América Latina como una dependencia norteamericana; creía que los pueblos de estas «desdichadas repúblicas» no estaban preparados para autogobernarse y necesitaban la guía de una «nación fuerte y civilizada». Dispuesto a impedir las intromisiones europeas en los países latinoamericanos, justificó de esta manera el derecho exclusivo de intervención de Estados Unidos.
Antes de llegar a la presidencia, Roosevelt fue Secretario de Marina, impulsó la anexión de las islas Hawai en el Pacífico –mediante un tratado, Estados Unidos logró instalar allí la base naval de Pearl Harbor–, la apertura del comercio con Japón y la formación de un regimiento de voluntarios de caballería para luchar en Cuba durante la guerra contra España.
Durante su mandato también intervino en Venezuela en 1902, cuando este país fue amenazado por dos potencias europeas, Alemania e Inglaterra, que exigieron por la fuerza el pago de deudas. Roosevelt desembarcó tropas allí e impuso el control de las aduanas.
Además, obtuvo el Canal de Panamá y se lanzó a desarrollar el poderío naval de los Estados Unidos. En 1907, para demostrar este poderío, impartió la orden a la gigantesca flota norteamericana de realizar un viaje alrededor del mundo.
Su sucesor en la presidencia, William Taft (1909-1913), intervino en Honduras. Este pequeño país centroamericano era deudor de bancos europeos, por los préstamos recibidos de Inglaterra para la construcción del ferrocarril. Estados Unidos se comprometió a pagar esta deuda a cambio del control de la aduana hondureña.
Woodrow Wilson (1913-1921) fue el presidente que ejerció una mayor intromisión de Estados Unidos en los asuntos latinoamericanos: a lo largo de varias décadas envió sus marines a Nicaragua, a México (1914), a Haití (1915), a la República Dominicana (1916); y, en 1917, llevó a Estados Unidos a participar en la Primera Guerra Mundial.
Desde 1900 hasta la Gran Depresión, las principales víctimas de la política imperial de los Estados Unidos fueron las pequeñas naciones del Caribe y de América Central.
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