7- América Latina a comienzos del siglo XX

  El neocolonialismo en América Latina

Diferentes economías exportadoras de materias primas

 

El conjunto de las naciones de América del Sur y Centroamérica constituyen una realidad cultural: son latinas por contraste con la América anglosajona, y por su condición de ex colonias de España y Portugal padecen esa herencia profunda que impuso el colonialismo.

Denominadas habitualmente con nombres tales como Hispanoamérica, Iberoamérica o Latinoamérica, resulta problemático, de todas maneras, considerarlas una unidad homogénea. De hecho, la vida independiente no fortaleció una conciencia unitaria ni las relaciones económicas entre los nuevos países latinoamericanos. 

Tras las primeras décadas signadas por la lucha de la independencia, los países latinoamericanos emprendieron su organización definitiva como Estado-nación. Muchos de los gobiernos se propusieron la modernización de sus economías a fin de insertarse en la División Internacional del Trabajo, para que tomaran un lugar dentro del sistema de economía mundial.

Pero el lugar que le correspondía a América Latina dentro de este esquema era el de proveedora de materias primas para las naciones industrializadas, bajo un capitalismo dependiente

En cierta medida, América Latina cambió el dominio colonial ibérico por otro, administrado colectivamente por las grandes potencias que dirigían la Revolución Industrial.

Por sus características de abastecedora de productos primarios para las economías industriales, su escasa industrialización y la dependencia financiera y tecnológica de los países desarrollados, podemos designar su economía como neocolonial

Dentro de las economías latinoamericanas se pueden distinguir tres diferentes grupos de países:

 a) los países exportadores de productos agrícolas de clima templado;

 b) países exportadores de productos agrícolas tropicales; c) países exportadores de productos minerales.

 

Durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, estos países no tuvieron una economía diversificada sino que, por el contrario, dependieron de unos pocos productos. En la práctica, se trata de monoproducción o monocultivo, que son peligrosos porque el país depende de la exportación a otros mercados, y debe importar otros productos que necesita. 

 

El primer grupo está compuesto por Argentina y Uruguay, dueños de grandes extensiones de tierras aptas para la producción agropecuaria. Estos países requirieron la instalación de un sistema ferroviario que facilitara el transporte de grandes volúmenes de cereales y la ampliación de la frontera agrícola, que se realizó en perjuicio de los territorios indígenas. Competían en el suministro de sus productos con regiones de la misma Europa, por lo que debieron hacer eficiente la producción, y esto los forzó a realizar una importante actualización tecnológica.

Las ganancias obtenidas a fines del siglo XIX por esta actividad fueron abundantes, porque al ser productos que no tenían competencia colonial (donde la mano de obra es más barata), se podían lograr buenos precios. Pero no fueron invertidas mayormente por sus beneficiarios en la industria (que, de acuerdo con Adam Smith, es la que reproduce el capital). En el siglo XX, con la ampliación de la oferta –entre otros países, de antiguas colonias inglesas, ahora integrados a la Comunidad Británica de Naciones– los precios de las materias primas disminuyeron, pero los de productos industrializados siguieron en aumento, por lo que se deterioraron los términos del intercambio. 

El segundo grupo está formado por la mayoría de los países latinoamericanos: Brasil, Colombia, Ecuador, América Central, el Caribe y partes de México. La competencia que encuentran estos países está constituida por la producción en áreas coloniales en otros continentes y en el sur de los Estados Unidos. Los productos de exportación eran el azúcar, el tabaco, el café y el cacao. Como Inglaterra estaba provista por sus mercados coloniales, el país comercializador de estas producciones fue fundamentalmente 

Estados Unidos. Al ser los precios bajos –por la competencia colonial, cuyo costo de mano de obra era ínfimo– y no requerir esta producción de grandes avances tecnológicos –incluso, en muchos casos, se siguieron usando los transportes tradicionales, de tracción a sangre–, esta producción no tuvo, en general, una importancia significativa para lograr el desarrollo. La población, de este modo, vivía bajo condiciones miserables, con muy pocas expectativas de vida –treinta o a lo sumo cuarenta años–, sin sistema organizado de salud, con gran mortalidad infantil, y altos niveles de analfabetismo. 

Aunque se poblaron grandes zonas, la mayoría de la población todavía seguía siendo rural; incluso en Brasil y México, que tuvieron un importante proceso de urbanización (y en algunas regiones brasileñas, se propició la construcción de infraestructura y la creación de un mercado interno para esos productos), predominan las grandes regiones rurales, habitadas por población campesina.

El tercer grupo de exportadores de productos minerales son México, Chile, Perú y Bolivia. La producción minera cambió radicalmente después de la independencia, ya que se modernizó la tecnología, pero los capitales para invertir en ella fueron de origen extranjero.

La extracción de plata perdió la importancia que había tenido durante la época colonial, y pasó a un primer plano la explotación de los minerales no ferrosos (como el salitre). Para ser rentables, las plantas debían ser muy grandes y, al ser de capitales extranjeros, la mayoría de la población no se vio beneficiada por esta explotación. 

América Latina sólo comenzó a ser favorecida cuando algunos gobiernos obligaron a las empresas a adquirir parte de los insumos dentro del país, y cobrar bajo forma de impuestos una parte de los ingresos que antes se remitían al extranjero.

 

Las inversiones extranjeras

A comienzos del siglo XX la mayoría de las inversiones extranjeras en América Latina eran de origen británico; para los ingleses, la mitad del total de sus inversiones estaba en nuestro continente.

Argentina encabezaba la lista (con montos similares a los de su Imperio de la India), con los ferrocarriles y los frigoríficos: era, en 1914, una colonia financiera de Gran Bretaña.

En Brasil, Gran Bretaña había invertido en ferrocarriles, minas y cafetales.

En México, en minas y yacimientos petrolíferos. También eran importantes para Inglaterra, Chile, Uruguay, Perú y Cuba.

Gracias a estas inversiones, los británicos tenían prácticamente el dominio de sus economías. 

Francia también había hecho inversiones en el extranjero, pero fueron muy escasas en América Latina.

Los alemanes, que entraron tarde a la revolución industrial, a principios del siglo XX se dedicaban a afianzar su mercado en Europa, por lo que todavía no había hecho grandes inversiones en América Latina. Sin embargo, Alemania intervino en el bloqueo combinado con Inglaterra e Italia sobre Venezuela, en contra de la gestión financiera del gobierno local, con la intención de que Inglaterra mejorara su frontera con Guyana (1902). Este bloqueo fue detenido por la intervención de Estados Unidos (solicitada por el presidente venezolano), y por fuertes reclamos argentinos: el canciller Luis María Drago sentó doctrina, cuando afirmó que era ilegítimo el cobro compulsivo de deudas públicas por parte de potencias extranjeras.




Comentarios

Entradas populares de este blog

6- Neocolonialismo: las nuevas conquistas en Asia, África y Oceanía

5- Transformaciones del Capitalismo

3- La División Internacional del Trabajo