41- Argentina, el peronismo

 Argentina: El Peronismo

El surgimiento de Perón como figura política

Perón había participado en el golpe de 1930, pero no había figurado bajo las huestes de Uriburu sino que impulsó el retorno a la legalidad que llevó al gobierno al General Justo.

Bajo su presidencia, Perón fue secretario del Ministro de Guerra (es decir, tuvo, desde un puesto inferior, una experiencia gubernativa) y también fue enviado en misión oficial a Italia, en 1939, bajo el gobierno de Ortiz.

Con la asunción de Ramírez el 7 de junio de 1943, fue nombrado jefe de la Secretaría del Ministerio de Guerra, pero no era el puesto que le servía para su proyecto político, por lo que solicitó un destino más modesto aun; el Departamento Nacional del Trabajo, del que se hizo cargo en octubre. Por la envergadura que quería darle, solicitó se eleve el rango a secretaría y así se hizo, creándose la Secretaría de Trabajo y Previsión, de la cual, en noviembre, asume como secretario.

 

El principio de la Justicia Social

Perón, como militar, había viajado a lo largo del país, conocía los problemas y la profunda pobreza en todas sus regiones. En 1936 fueron declarados «inaptos» un altísimo porcentaje de los jóvenes que debían presentarse al servicio militar obligatorio, al estar enfermos o con problemas por la mala alimentación.

Según Mariano Plotkin, antes de 1943 la Argentina carecía de un sistema estructurado para la provisión de servicios y asistencia social, cuya legislación estaba limitada, en general, a leyes aisladas, y el sistema de jubilación era totalmente inadecuado y estaba en constante déficit.

La responsabilidad sobre los servicios para la salud pública estaba, en gran parte, en manos de la Sociedad de Beneficencia de la Capital, una institución oficial dependiente del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto desde 1908, creada por Rivadavia para quitarle a la Iglesia Católica el control sobre la caridad. Administraba en 1934 hospitales, maternidades y asilos. Los fondos eran provistos, en mayor parte, por el Estado y apenas una pequeña proporción provenía de donaciones privadas. En ciertas épocas del año los niños internados en asilos y orfanatos dependientes de esta institución eran enviados a pedir limosna por las calles, vestidos con los tristes uniformes que los caracterizaban.

Tanto el Ejército como la Iglesia se estaban preocupando por el tema de la «justicia social», debido a la pobreza extrema de gran parte de la población. Temían que los comunistas aprovecharan la situación y provocaran grandes disturbios sociales. La Iglesia consideró paliarlo por medio de la «caridad» organizando la «Gran Colecta Nacional», y el Ejército prefirió tomar el ejemplo de la Italia fascista, donde se buscó el control y apoyo de las masas a través de una moderada política social.

 

El proyecto de Perón

La aplicación del liberalismo en el mundo capitalista había sufrido grandes cambios tras la crisis económica de 1930. El economista inglés J. M. Keynes sostenía que el Estado tenía el deber de garantizar el funcionamiento del aparato productivo, mantener elevado el nivel de inversiones, sostener una política de pleno empleo y de consumo o inversión de capitales para equilibrar la situación de los países arrasados por la crisis.

Las propuestas keynesianas fueron seguidas por numerosos países. En el nuestro, el intervencionismo estatal se aplicó con el ministro Federico Pinedo durante la Década Infame, pero no se preocupó por la suerte de todos sus habitantes sino sólo por la de los productores agro-exportadores que habían sido afectados por la caída de los precios de las materias primas.

A diferencia de Pinedo, Perón pensaba que era indispensable ocuparse de las clases trabajadoras. De su paso por Italia adquirió elementos para tratar de organizar a la sociedad argentina de acuerdo con un proyecto propio de alianza de clases, promoviendo el crecimiento de la industria e integrando a la clase obrera a la sociedad política.

Perón necesitaba crear las bases sociales para que su proyecto industrial pudiera caminar. En la Secretaría de Trabajo y Previsión se abocó a fortalecer la relación con los sindicatos mediante la concesión de medidas muy concretas: hacer que las negociaciones de convenios colectivos de trabajo tengan implementación real, aumento de los montos de las indemnizaciones por despidos, inclusión en los contratos de cláusulas sobre vacaciones pagas, ampliación del sistema jubilatorio para empleados y obreros de industria y comercio, etcétera.

El movimiento laboral –sostiene el historiador Daniel James– en el momento del golpe militar de 1943 era débil y estaba dividido en cuatro centrales gremiales: la más antigua, la FORA (Federación Obrera Regional Argentina, anarquista y muy debilitada por la represión de la Década Infame), la USA (Unión Sindical Argentina), la CGT Nº1 y la CGT Nº2 que tenían muy poca influencia sobre la clase trabajadora. Los sindicalistas –que habían renunciado hacía tiempo a la lucha revolucionaria– veían con tentación la posibilidad de participar en la redistribución del poder político; por primera vez no se los trataba individualmente, sino como una fuerza social necesaria para impulsar un proyecto de país compartido por todos.

 

La propuesta económica

Según el economista Pedro Paz, el importante desarrollo industrial de la época permitió a la naciente burguesía ampliar el mercado interno al aumentar el número de consumidores, es decir, más personas con posibilidad de comprar dentro de nuestro país.

De este modo, y en el contexto de posguerra, los industriales vieron en forma positiva cierto proteccionismo estatal. Un sector de la burguesía industrial (encabezado por el ministro Miguel Miranda) propició una alianza con la clase obrera y algunos sectores organizados de los grupos medios que definió un proyecto político a través del peronismo.

De este modo, se propuso pasar de una industrialización espontánea a una industrialización planificada desde el Estado, que redistribuyera el ingreso, estimulase la producción regional, controlase las importaciones, aumentase el empleo del sector público, invirtiera en infraestructura y en obras públicas que consolidasen la urbanización y llegase, con estas y otras medidas, a ampliar el mercado interno para los bienes de consumo que la Argentina ya producía.

En un discurso pronunciado en noviembre de 1944, Perón expresa los objetivos de su política económica:

«La República Argentina produce en estos momentos el doble de lo que consume; es decir, la mitad de lo que se produce sale al exterior. Yo me pregunto si cuando termine la guerra será posible seguir colocando nuestros productos en Sudáfrica, Canadá, Centro o Sudamérica en competición con los Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Rusia, etc. Cuando ya no sea posible exportar, si consumimos sólo el 50%, ¿cuál será la situación de nuestra industria, de nuestra producción? Habrá una paralización del 50% y veremos a un millón de argentinos desocupados que no tendrán en qué trabajar ni con qué vivir. No habrá otro remedio que aumentar el consumo. Y el consumo, en una circunstancia tan extraordinaria como la que se nos va a presentar, solamente podrá aumentarse elevando los sueldos y salarios para que cada uno pueda consumir mucho más de lo que consume actualmente y permitiendo que cada industrial, cada fabricante, cada comerciante, pueda, a su vez, producir lo mismo que hoy sin verse obligado a parar las máquinas y a despedir a sus obreros. Los organismos del Estado se hallan abocados al estudio de estas posibilidades.»

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