39- Argentina, el proyecto peronista

 Argentina: El Proyecto Peronista

Antecedentes: El golpe de estado de 1943

La jornada del 4 de junio de 1943 se caracterizó por la pasividad de la sociedad ante el golpe realizado por la logia militar nacionalista denominada GOU (Grupo de Oficiales Unidos). El golpe de estado se produjo durante la Segunda Guerra Mundial, contra el desacreditado presidente Ramón Castillo. Además, tuvo como objetivo bloquear a su sucesor, el candidato de la Concordancia y conservador salteño Robustiano Patrón Costas.

Sólo fue apoyado activamente por dirigentes políticos poco importantes para el gobierno anterior, en un espectro que variaba del radicalismo al nacionalismo filo fascista. Tenían la secreta esperanza de darle su orientación ideológica a este movimiento poco definido, que en su proclama sólo subrayaba aspectos éticos, sin aportar soluciones específicas.

Algunos radicales habían tratado de convencer al general Ramírez (ministro de guerra del presidente Castillo) para que efectuara el golpe, porque querían poner fin a la humillante situación a la que eran sometidos por los conservadores, árbitros de los destinos del país por medio del fraude. Anhelaban cambiar la situación, no por esfuerzo propio sino por el accionar de otros, como por ejemplo, el cuerpo de oficiales. El premio para Ramírez sería la presidencia de la República.

Sin embargo, Ramírez no fue convencido por ellos sino por el GOU, que tenía como principios el nacionalismo, el anticomunismo y el ultra catolicismo. Los partidos liberales habían caído en descrédito porque todos los partidos políticos existentes en la Argentina, aun los más desfavorecidos, habían participado en el sistema de gobierno de la Década Infame, algunos simplemente avalándolo con su participación, y otros (entre ellos varios dirigentes radicales) envueltos en casos de corrupción.

En la proclama se sostiene que el golpe de 1943 es en defensa de la patria, ya que el gobierno de Castillo había caído en la venalidad, el fraude, el peculado y la corrupción.

Por consiguiente, se comprometen los militares llevados por las circunstancias a la función pública, a luchar por la honradez administrativa y reprimir todo hecho doloso.

Se preocupan porque el capital usurario (es decir, los capitalistas que extraen ganancias excesivas) se beneficia en contra de los intereses del país, impidiendo su resurgimiento económico; por la ausencia de una política social que pueda favorecer al establecimiento del comunismo; por la inmoralidad en la justicia; y por la falta de educación religiosa y patriótica.

El primero en asumir tras el golpe fue el Gral. Rawson, quien debió renunciar al tercer día presionado por haber nombrado dos ministros pro-fascistas. Finalmente se hizo cargo el Gral. Pedro Pablo Ramírez, que afirmó la neutralidad argentina en el conflicto mundial.

Para legitimarse el gobierno militar buscó, en primer lugar, el apoyo de la Iglesia, por lo que se implanta la enseñanza de la religión católica en las escuelas públicas. El general Ramírez requiere la definición de políticos, intelectuales y jefes sindicales, pero encuentra reacciones adversas, por lo que los acusa de falta de lealtad con el país. En la Conferencia de Río de Janeiro Estados Unidos había propiciado una activa intervención para obtener la declaración de guerra. El gobierno al principio se negó a proclamarla, pero el exiguo apoyo con el que contaba minó la posición de Ramírez, quien finalmente abandona la política de neutralidad, rompiendo relaciones diplomáticas con la Alemania nazi.

El GOU respalda entonces al Gral. Edelmiro J. Farrell, que lo reemplaza a Ramírez en la presidencia el 24 de febrero de 1944. Con Farrell surge claramente a la arena política el coronel Juan Domingo Perón, que era considerado el ideólogo del GOU.

La política de Perón en un principio era conservadora; pragmático, le interesaba ganar a los sectores industrial y financieros para su proyecto, e intentó buscar el respaldo de todos los sectores políticos de la sociedad. Trataba de convencerlos de que, tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial –tal como había ocurrido después de la Primera– estallarían las dificultades y conflictos sociales; los problemas sólo se podrían controlar mediante la implementación de una política social donde el gobierno tuviera el rol de Estado Benefactor y propiciar, de este modo, el consenso a través de una política de alianza de clases.

 

Situación de la industria hacia 1943

Debido al encarecimiento de los productos importados y a la falta de divisas para importar, la industria empezó a ser rentable. De acuerdo al censo de 1935 había unos 38.000 establecimientos industriales que daban trabajo a más de medio millón de personas; en diez años, esta cifra se duplicó. Así, la Argentina era el país más industrializado de América Latina.

La política económica de la Década Infame, que privilegiaba los grandes intereses económicos, favoreció la acumulación de capital mientras que la situación de los trabajadores era paupérrima. Se había descargado el peso de la crisis sobre los sectores de menores recursos, y la rentabilidad de los empresarios se había logrado sobre la basede los magros salarios y las deficientes condiciones de trabajo.

Por primera vez, en 1944, el valor creado por la industria argentina (22,8%) es mayor que el de la ganadería y la agricultura juntas (20,1%) en el PBI (Producto Bruto Interno, indicador económico en la contabilidad nacional que expresa la suma de riquezas producidas por un país en el término de un año).

El mayor crecimiento de ocupación se registra entre los años 1941 y 1946, en las ramas de textiles, productos forestales, químicos, artículos de cuero, maquinarias y vehículos. Durante este período la producción industrial aumentó a razón de un 9,6% anual.

 

La concentración geográfica de las industrias

Si bien en todas las áreas habitables del mundo la población se distribuye irregularmente, en la Argentina este problema está muy acentuado, superando ampliamente la población urbana a la rural. Las zonas en proceso de urbanización en 1943 se hallaban en situación crítica:

Demandaban servicios básicos como electricidad, agua, rutas, calles y medios de transportes. Las nuevas industrias buscaban, para radicarse, áreas que estuvieran ya provistas de estas prestaciones, esenciales para su desarrollo, a fin de reducir los costos de instalación. Los puntos mejor provistos estaban en las capitales y sus aledaños. Además, muchas industrias se localizaban cerca de arroyos donde volcar sus desechos. Es por ello que no se distribuyeron homogéneamente en el espacio urbano y suburbano.

En este período se reafirmó la hegemonía industrial del Gran Buenos Aires; dentro de este conjunto urbano, se puede desglosar la producción de Capital Federal y la de los 19 partidos aledaños de la provincia. En 1935, la Capital producía tres veces y media más que los 19 partidos, en 1946 producía el doble y en 1954 había disminuido su producción a una vez y media más que el conurbano.

Uno de los principales motivos de esta situación fue el menor costo de la tierra en el conurbano que, aunque más alejados del centro comercial, financiero y portuario de la gran ciudad, contaba también con la provisión de los servicios necesarios.

Migraciones internas y proceso de estructuración del espacio urbano

En 1914 no existía ecológicamente el Gran Buenos Aires. El saldo migratorio interno de argentinos y extranjeros ingresados anualmente como promedio en esa región fue de 8.000 personas entre 1895-1936; aumentó a 72.000 entre 1936 y 1943, y a 117.000 entre 1943 y 1947. Es decir, crece quince veces durante ese período. En 1947 la mitad de todos los argentinos que estaban viviendo fuera de su lugar de origen, se habían localizado en el Gran Buenos Aires.

Las migraciones internas masivas se producen, principalmente, por la necesidad de trabajo. En este período se combinaron dos causas: por un lado, factores de expulsión de la población de las áreas rurales y, por otro, la demanda de mano de obra en la mayor parte de los centros urbanos del país, especialmente en el Gran Buenos Aires.

Lamentablemente, este hecho no tuvo planificación estatal alguna. Los obreros buscaban los terrenos cercanos a las fábricas para evitar los costos del transporte y los largos trayectos por las calles de barro. Las empresas inmobiliarias medraron con la situación, comprando tierras y revendiéndolas en fracciones menores, trazando generalmente sólo calles estrechas entre las manzanas. A veces, esos terrenos no eran aptos para ser habitados, ya que muchos espacios vacíos cercanos a las ciudades eran sitios inundables por intensas lluvias o crecimiento de cursos de agua. En ellos los pobladores construyeron sus viviendas, extrayendo agua potable por medio de perforaciones y cavando pozos negros para sus efluvios cloacales. La falta de cálculo y de control estatal produjo la contaminación de las aguas, deteriorando, así, la calidad de vida.

Muchos inmigrantes del interior se debieron asentar en viviendas precarias, formando un cinturón de villas de emergencia; las cuales, además de las adversidades antedichas, sufrían las condiciones climáticas; la calefacción a querosén o con braseros que produjeron (y siguieron produciendo a principios del siglo XXI) numerosas muertes por incendio de casillas o por inhalación de monóxido de carbono.

Esta metropolización desordenada es agravada por la expansión de la pequeña industria, que lleva a un cubrimiento casi continuo del espacio. Alrededor de las grandes industrias se generaron talleres periféricos de reparaciones o abastecimientos de partes o repuestos, mezclándose industrias, talleres, depósitos y comercios, con las viviendas. Los ruidos o la polución ambiental desmejoraron aun más la calidad de vida.

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