37- La operación Barba Roja

  La Operación Barbarroja

Se llamó así a la proyectada invasión a Rusia que a causa de su fracaso, marcó el comienzo del fin de la expansión alemana. El invierno más crudo del siglo (40 grados bajo cero en Leningrado) atrapó a los atacantes en plena campaña. Ésta se inició en junio de 1941, sin declaración de guerra previa y en un rápido avance, tácticamente similar al desarrollado en Polonia. El avance por el centro tenía como objetivo la ciudad de Moscú, y el del sur, alcanzar los campos petrolíferos del Cáucaso. El ejército soviético, mal armado, mal pertrechado y sobre todo, mal conducido a raíz de las “purgas” (Stalin hizo ejecutar a muchísimos oficiales en los que no tuvo confianza absoluta), permitió a los alemanes “embolsar” ejércitos rusos completos (en la gran bolsa de Kiev fueron tomados 665.000 prisioneros, muertos 300.000 rusos, capturados 3.500 cañones y 884 blindados).

Un párrafo aparte merece el logro más extraordinario de los rusos. Para evitar que la industria pesada soviética cayera en manos alemanas, Stalin y sus consejeros ordenaron trasladar todas las fábricas posibles del otro lado de los montes Urales. En un esfuerzo increíble, trabajando contra reloj, miles de fábricas fueron desmanteladas hasta el último tornillo, subidas sus partes en camiones, vaciados los camiones en trenes y trasladados al Este junto con sus operarios. Este esfuerzo posibilitó la salvación de Rusia y su posterior contraofensiva.

 

La guerra en el Pacífico

En 1940 Japón se unió al eje Roma-Berlín, el cual le reconoció su misión en Asia. El partido militar japonés, de influencia casi absoluta sobre el emperador Hiro Hito deseaba continuar la expansión iniciada en Manchuria. Para esto, se firmó el pacto con Moscú de no agresión, para no distraer fuerzas en el norte y continuó con su expansión en China, creando un gobierno títere en Nankin.

Aprovechando el avance alemán en Europa, Japón ocupó la Indochina francesa y tomó el control de las Indias Holandesas, vitales por su caucho y su petróleo. Con la ocupación japonesa de las colonias europeas se declaró el firme propósito de crear un Nuevo Orden en el Asia Oriental (“Asia para los asiáticos”). En muy poco tiempo Japón invadió Filipinas, se apoderó de Hong-Kong, Singapur y Birmania (colonias británicas), proyectó un ataque a la India y dispuso una incursión a Australia.

Pero esta expansión chocaba con los intereses norteamericanos en el Pacífico, y el Gobierno de Estados Unidos –a pesar de su declaración de neutralidad– decidió suspender las exportaciones de petróleo y chatarra al Japón, insumos estratégicos para la industria de guerra japonesa.

En diciembre de 1941 el Japón atacó Pearl Harbour en las islas Hawai, principal base aeronaval estadounidense en el Pacífico. Si bien se habló de cuantiosas pérdidas, los portaaviones no estaban allí para ser alcanzados, lo cual dio pie a especulaciones acerca de si los estadounidenses sabían de antemano que el ataque iba a producirse.

Lo concreto es que la declaración de guerra llegó una hora más tarde porque se lo hizo esperar al embajador japonés en Washington en la antesala, demorándose en recibirlo en presidente Roosevelt, y el presidente Roosevelt se demoró en recibirlo.

Roosevelt, quien ya venía tratando de modificar la opinión pública de sus compatriotas –contraria a la guerra–, pudo presentar el hecho como un ataque a traición y así galvanizar a la nación en pos de la lucha contra el enemigo declarado.

El ingreso de Estados Unidos a la Segunda Guerra en 1941 fue decisivo, no sólo porque reconquistó isla por isla (ocupadas por la expansión japonesa) sino también porque participó en la ocupación del norte de África (1942), y con el desembarco en Sicilia (1943) definió el avance aliado sobre Italia. Con esta intervención venció a Mussolini, y posibilitó la apertura del segundo frente europeo.

 

Europa ocupada y la resistencia

En 1942 las fuerzas estadounidenses desembarcaron en el norte de África y el general francés De Gaulle constituyó en Argel un comité de Liberación Nacional y organizó los recursos y hombres de las colonias francesas (Argelia, Túnez y Marruecos) para la liberación de Francia.

En Italia, la oposición al régimen de Mussolini comenzó cuando éste arrastró al país a la Segunda Guerra Mundial. La oposición a la guerra, otorgó al movimiento antifascista italiano su base de masas (comunistas, socialistas, anarquistas, campesinos, obreros, clases medias y universitarios) y lo lanzó a la resistencia activa. Entre 1943 y 1945, los partisanos armados contaban entre sus filas a unos cien mil combatientes.

En la Europa ocupada por los nazis se destacaron otros movimientos de resistencia como los maquis franceses, que comenzaron a formar grupos, especialmente, para ayudar a los judíos perseguidos y deportados por la Gestapo que huyeron a las montañas y bosques. Saboteaban trenes, puentes, plantas eléctricas y organizaban atentados contra las tropas de ocupación nazis.

Las fuerzas partisanas en Yugoslavia y Grecia fueron organizadas por los comunistas. En el sur de Francia, los refugiados republicanos de la Guerra Civil Española constituyeron el núcleo mayoritario de la resistencia armada.

El Partido Comunista francés, que funcionó con una organización clandestina, fue durante la Resistencia (1940-1944) «el partido de los fusilados», aludiendo a su papel en la liberación. En la Polonia ocupada hubo guerrillas polacas y también judías, que como ya vimos, organizaron el heroico levantamiento del gueto de Varsovia en 1943.

 

El «Día D»

La ofensiva alemana en el Este fue detenida por el ejército rojo en Leningrado, Moscú y Stalingrado (1941), desde la cual se inició la reconquista soviética. Las tropas de Hitler fueron encerradas y capturadas.

Stalin había presionado a los aliados para la apertura de un segundo frente en Europa occidental a fin de dividir las fuerzas de Alemania, y así se produjo el «Día D» (6 de junio de 1944), el desembarco de fuerzas más grande de la historia del mundo, en Normandía, al norte de Francia.

Desde allí los aliados avanzaron, entraron en París y continuaron hasta recomponer la frontera francesa. La penetración de Alemania fue simultánea con la ofensiva rusa desde el Este; los aliados se encontraron en Torgau, ciudad a 120 km al sur de Berlín en abril de 1945.

El 29 de abril Hitler delegó el mando en el almirante Doenitz, el 30 se suicidó junto a su amante Eva Braun, y el 2 de mayo capituló Berlín, y concluyó el Tercer Reich (Tercer Imperio Alemán), después de doce años de existencia.  

 

La rendición de Japón

En el Pacífico, mientras tanto, con su flota deshecha, a Japón sólo le quedaba resistir. Para ello utilizó el ataque de los kamikazes («viento divino»), pilotos suicidas japoneses que llenaban su avión de explosivos y se estrellaban en picada sobre los barcos estadounidenses.

Entonces sobrevino el ataque nuclear de EE.UU. La justificación fue que, previendo una costosa guerra de desgaste, el presidente Truman decidió arrojar las dos primeras bombas atómicas sobre Japón.

El 6 de agosto de 1945, la ciudad de Hiroshima (de 300.000 habitantes) quedó reducida a cenizas y tres días más tarde Nagasaki, forzando así a Hito a informar por radio a su pueblo el compromiso de deponer las armas. El Ministro de Guerra japonés se suicidó y se firmó oficialmente la rendición sobre el acorazado estadounidense Missouri, en septiembre de 1945.

Sin embargo, esto puede entenderse de otro modo. Con Japón al borde del colapso, Estados Unidos quiso probar su recientemente desarrollado armamento nuclear, y detener al mismo tiempo el avance soviético que se estaba iniciando sobre territorio disputado con Japón. Con la bomba atómica, Estados Unidos pasó a ser el país más poderoso.



 

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