36- La Segunda Guerra Mundial
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)
1. Causas y antecedentes
Como en todos los acontecimientos históricos, las opiniones de los investigadores sobre la Segunda Guerra Mundial están divididas y, a veces, contrapuestas. Sin embargo, en relación con las causas de esta guerra que involucró a 61 países en un verdadero conflicto total –por la amplitud de los escenarios de operaciones, los recursos y las fuerzas movilizadas– hay un consenso más o menos general.
- En primer lugar, la resistencia a los regímenes totalitarios (nazi y fascista) de Alemania e Italia sustentados en un nacionalismo ideológicamente agresivo, que una vez eliminados sus «enemigos interiores» (judíos, comunistas, liberales, librepensadores, socialdemócratas) desarrollaron un fuerte militarismo con propósitos de expansión. El expansionismo en el caso de Alemania se manifestó con su Marcha hacia el Este y la conquista del espacio vital para la “raza superior aria”, que pretendía ocupar territorios en la Europa oriental a costa de los pueblos eslavos.
En el caso de Italia, sus reclamos territoriales acentuaron el nacionalismo y la idea de imperio colonial. La expansión de Japón en el Pacífico se basaba en la idea de una “cruzada liberadora” para expulsar de Asia a las potencias coloniales occidentales (Francia, Holanda, Inglaterra y los Estados Unidos) e imponer la hegemonía del Japón en el continente asiático.
Estos tres países constituían las potencias del Eje Berlín-Roma-Tokio, enfrentadas durante la guerra con las naciones aliadas.
-- La debilidad de la Sociedad de las naciones radicada en Ginebra; su actuación resultó ineficaz para mantener la paz internacional y garantizar las fronteras estipuladas por el Tratado de Versalles. En 1933 Hitler se retiró de la Liga, que intentaba fomentar el desarme, exigió el derecho de Alemania a poseer fuerzas armadas y armamentos; volvió a introducir el reclutamiento militar y anunció la creación de una fuerza aérea, la poderosa Luftwaffe.
-- La política exterior de Hitler invalidó los acuerdos territoriales del Tratado de Versalles: logró la unificación con Austria en marzo de 1938. En el mismo año, efectivos alemanes entraron en la región de los Sudetes, en Checoslovaquia, y Alemania obtuvo la anexión en el Acuerdo de Munich, por el cual franceses y británicos aceptaron cederle esta región a la Alemania nazi. Finalmente todo el país fue ocupado, hecho que puso fin a la corta vida de Checoslovaquia como nación independiente, cuya existencia respondía al nuevo mapa de Europa acordado en Versalles.
-- El episodio marcó además, la crisis de la llamada política de apaciguamiento que consistía en hacer concesiones a las exigencias territoriales alemanas a cambio de preservar la paz. El fracaso de esta estrategia de negociar con Hitler era evidente, pues sus objetivos de expansión representaban una necesidad vital para el resurgimiento y poderío de Alemania. Cualquier tipo de negociación resultaba imposible al romperse el frágil equilibrio estipulado por el Tratado de Versalles en la Europa del Este.
En septiembre de 1939 Alemania invadió Polonia y de esta crisis polaca se desencadenó la Segunda Guerra que entre 1939 y 1945 se convirtió en un conflicto mundial.
La guerra relámpago
La invasión de Polonia mostró por primera vez los cambios en la estrategia militar respecto de la Gran Guerra de 1914. En primer lugar, la aviación y la guerra aérea como factor fundamental. En segundo lugar, los tanques. Si bien estos ya habían debutado en la Primera Guerra, lo hicieron como apoyo de la infantería.
Ahora eran la punta de lanza de la invasión, formando movimientos de pinzas. El rápido avance de las columnas motorizadas y blindadas permitieron a Alemania un ataque devastador y la caída de Varsovia el 29 de setiembre de 1939. Ante esta nueva agresión, Inglaterra y Francia declararon la guerra a Alemania, pero poco pudieron hacer para evitar el desastre de Polonia.
A esta irrupción alemana se sumó la ocupación rusa de la zona del Este polaco, y en virtud de un pacto firmado entre Stalin y Hitler, se fijó la nueva frontera entre las dos potencias restableciendo de hecho los viejos límites anteriores a la Primera Guerra (Rusia ocupaba las dos terceras partes de Polonia y los estados de Estonia, Letonia y Lituania).
En abril de 1940 Hitler invadió Noruega y Dinamarca. La ofensiva por el Oeste continuó con la ocupación de Bélgica, Holanda y Luxemburgo; estas victorias alemanas aseguraron la expansión con una formidable maquinaria bélica.
Los ataques alemanes impusieron la blitzkrieg o “guerra relámpago”, una estrategia rápida y fulminante que consistía en el despliegue simultáneo de fuerzas acorazadas e infantería en distintos puntos, reforzadas por paracaidistas y por la fuerza aérea en acciones rápidas y perfectamente sincronizadas.
Se trataba de una guerra de movimientos que caracterizó a la Segunda Guerra; la sorpresa y la rapidez de los avances contrastaban con los frentes estáticos de la guerra de trincheras característica de la primera contienda mundial.
Para invadir Francia, Alemania sometió al norte del Canal de la Mancha a los bombardeos de la Luftwaffe. En el puerto de Dunkerque fueron evacuados y embarcados 335.000 soldados ingleses, franceses y belgas para huir a Gran Bretaña. La ocupación alemana de París se sucedió mientras los tanques del general alemán Rommel llegaban a la frontera sur con España.
Como consecuencia del avance nazi, cayó el Gobierno Francés y Francia quedó partida en dos: París era “zona ocupada” y el viejo mariscal Philippe Petain, héroe de la Primera Guerra, firmó la rendición. Proclamado luego como jefe de Estado, constituyó un régimen autoritario en la zona sur del país, con capital en la pequeña ciudad balnearia de Vichy, y colaboraba con los nazis.
Entretanto, desde Londres, el general francés Charles De Gaulle no aceptaba la rendición con Alemania hitleriana y convocó desde el exilio a la resistencia de todos los franceses.
Sus mensajes emitidos por las señales radiofónicas de la BBC llamaban a desconocer la partición del territorio y a seguir luchando contra la ocupación alemana.
También en Londres encontraron refugio los monarcas de los países ocupados por Alemania: la reina Guillermina de Holanda, el rey noruego Haakon y el rey Leopoldo de Bélgica.
La Batalla de Inglaterra
El objetivo siguiente de Hitler, la ocupación de Inglaterra, se vio obstaculizada por la falta de preparación de la marina, (el arma más postergada por Hitler) y por el fracaso de la ofensiva aérea, consecuencia de las distancias –para esa tecnología muy largas– que debían recorrer los aviones alemanes hasta suelo inglés. La población de Londres fue evacuada, las costas que se prestaban a posibles desembarcos alemanes fueron fortificadas, se multiplican las baterías antiaéreas, se organizan refugios, pero las incursiones aéreas alemanas sometían a las ciudades, puertos y centros industriales ingleses a terribles bombardeos.
Finalmente la Luftwaffe fue detenida por los pilotos de la RAF británica (Real Fuerza Aérea) y la poderosa aviación alemana vencida en la Batalla de Inglaterra (1940-41).
Alemania también intentó el ahogo económico de los aliados por medio del bloqueo naval y alcanzó un alto nivel en la técnica de los ataques submarinos. Cuando un submarino alemán detectaba un convoy mercante aliado, emitía por radio su posición e inmediatamente reunía a todos los submarinos cercanos como “manada de lobos” para cercar y hundir a los barcos enemigos.
Simultáneamente, Mussolini declaró la guerra a Francia e Inglaterra, sobre todo para no quedar fuera del reparto del mundo que se veía venir, pero fue realmente poco lo que pudo aportar a la causa hitleriana. Con un ejército anticuado y una fuerza aérea irrelevante, sólo la marina italiana estaba preparada para la guerra, pero fue descalabrada en varios combates navales, dejando a los ingleses el dominio del mar Mediterráneo.
Desde Albania, el ejército italiano invadió Grecia, pero los griegos contraatacaron junto con los ingleses y pronto ocuparon un tercio de Albania. Desde las posesiones italianas también invadieron, en este caso, a las colonias inglesas, pero los británicos, apoyados por los anzacs (soldados de Australia y Nueva Zelanda) recuperaron terreno, desalojando incluso a los italianos de Etiopía.
Hitler tuvo que acudir en ayuda urgente de su aliado, conquistó Grecia y creó el Afrika Korps, destinado al norte de África. Mientras tanto, se incorporaron a la alianza con Alemania e Italia otros países, como Hungría, Rumania, Eslovaquia y Bulgaria.
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