33- El Fascismo Italiano
El Fascismo Italiano (1919-1945)
Características de los regímenes fascistas en la Europa de entreguerras
El surgimiento de los denominados movimientos fascistas, primero en Italia durante la década del 1920 y luego en su versión alemana (el nazismo), significó un retroceso respecto del liberalismo político europeo.
Estos regímenes fueron esencialmente autoritarios y hostiles a las instituciones políticas liberales: la Democracia, los Parlamentos y el Sistema de Partidos. Tuvieron influencia en el falangismo y en el franquismo español, en el gobierno de Salazar en Portugal, en la «Guardia de Hierro» rumana y en los “Ustachas” croatas.
Algunas características del fascismo europeo fueron:
- El anticomunismo y antiliberalismo.
- La exacerbación del nacionalismo.
- El Estado como la encarnación de minorías selectas con derecho a gobernar con un sistema de partido único (es decir, prohibiendo a los demás partidos).
- La autoridad personalizada en un jefe único carismático y el culto al líder (Mussolini era el Duce o conductor, Hitler el Führer y Franco el Caudillo).
- Exaltación de la acción directa y violenta de milicias activas encuadradas en el estado (grupos armados y uniformados).
- La movilización de las masas y una retórica obrerista y popular.
- El corporativismo que sustituye a la democracia liberal por la representación de los grupos de intereses económicos y profesionales. El sistema corporativo fomenta la asociación de los obreros y empresarios, encuadrados en sus respectivas organizaciones incorporadas al Estado.
- Se trató de movimientos esencialmente contrarrevolucionarios, que con el mito de una sociedad sin lucha de clases, pretendían armonizar los intereses, disciplinando a la clase obrera y restando autonomía a sus sindicatos. En la Italia de Mussolini el derecho a huelga quedó eliminado, y las organizaciones obreras pasaron a depender del Ministerio de las Corporaciones.
El avance del fascismo durante la década de 1930, puede considerarse en primer lugar como una respuesta a los peligros de la revolución social que había triunfado en Rusia. Pero fue indudablemente la Gran Depresión la que fortaleció y dio impulso al fascismo en Europa. La crisis económica de 1930 contribuyó a que estas experiencias totalitarias se consolidaran.
El descontento italiano
Italia había participado en la Primera Guerra Mundial, aunque sus reclamos territoriales no fueron satisfechos por las potencias vencedoras. Se incorporó luego, como miembro de la Sociedad de las Naciones, pero fue tratada como un país de segundo orden, actitud que despertó un fuerte resentimiento nacionalista. La convicción de que la victoria había sido mutilada arraigó profundamente en los oficiales desmovilizados al terminar la Primera Guerra Mundial.
Benito Mussolini había defendido la intervención de Italia en la guerra y junto a otros nacionalistas vio en la contienda una oportunidad de ampliar el poder y la grandeza italianos. Aunque, por entonces, estaba vinculado al Partido Socialista, que sostenía una posición y una campaña neutralista; por su ideología fue expulsado del mismo.
En 1919 Mussolini fundó en Milán el Movimiento Político fascista, que exaltaba un nacionalismo agresivo que movilizó a los jóvenes y a los veteranos de guerra. El grupo se autoproclamó el primer “fasci di combattimento” (grupo de combate) y tomó como referencia las “fasces” que simbolizaban la fuerza y la unidad. Ya en 1921, organizó al fascismo como partido político, caracterizado por su uniforme (las camisas negras), su disciplina y entrenamiento militar.
En sus orígenes, el fascismo compitió por la movilización de las masas y enfrentó sus fuerzas con los socialistas, hacia quienes dirigía la mayoría de sus ataques. En innumerables incidentes violentos –como atentados a locales de partidos y sindicatos, uso de la violencia para romper huelgas, ataques a periódicos de izquierda y a cámaras del trabajo– las escuadras fascistas ofrecían la oportunidad de movilizarse a los miles de italianos descontentos; las camisas negras que los identificaban les servían para darles prestigio y poder.
En Italia, la posguerra significó un momento de fuerte agitación de las clases trabajadoras, con la presencia de un Partido Socialista activo, que dirigía las comunas y organizaba las grandes huelgas obreras o la ocupación de fábricas.
La fuerza del fascismo nació y se fortaleció con el temor de las clases medias y altas a la revolución social, como reacción frente a la amenaza del “dominio rojo”.
La Marcha sobre Roma
En octubre de 1922 se forma en Milán un grupo revolucionario fascista que decidió marchar sobre Roma para tomar el poder. Era una decidida demostración de fuerza planeada de modo casi teatral. Con la orden de la movilización general fascista y desde distintos puntos del país, 40.000 “camisas negras” marcharon sobre la capital italiana; aunque estaban mal equipados, ocuparon las oficinas de correo, las estaciones ferroviarias y se concentraron en las afueras de Roma.
El rey Víctor Manuel III resolvió enviar un telegrama y convocar a Mussolini para integrar un gobierno de coalición; el Parlamento Italiano le otorgaría su confianza. Con esta actitud pasiva y complaciente, la clase dirigente italiana intentaba la normalización del fascismo; estaban dispuestos a llegar a un acuerdo para integrarlo al Gobierno, y lograr su absorción entre las fuerzas políticas. Este vano intento fue frustrado por la “Marcha sobre Roma” que coronó las negociaciones para el ingreso de Mussolini al poder como jefe del Consejo de Ministros.
La claudicación del Rey permitió el crecimiento y consolidación del fascismo en Italia. Su ascenso fue facilitado por el Estado, ya que contó con el pleno consentimiento del Rey y de los dirigentes políticos liberales y católicos.
Pero además, su llegada al poder no significó ningún compromiso político de terminar con la violencia; por el contrario, en 1924 fue asesinado el diputado socialista Giacomo Matteotti, por grupos de choque fascistas. La oposición (diputados socialistas, comunistas y católicos) abandonó entonces el Parlamento como expresión de protesta. En este mismo año Mussolini disolvió el Parlamento Italiano, clausuró las publicaciones opositoras y el Rey pasó a ser una figura simbólica, ya que el Duce o líder asumió totalmente el poder.
El acercamiento a Alemania
Con la conquista de Abisinia en 1935 y la proclamación del Imperio, Mussolini llamó a enrolarse para la campaña África Italiana (colonización de Etiopía). Intervino también en la Guerra Civil Española en apoyo del general Francisco Franco, manteniendo un cuerpo expedicionario de 100.000 hombres.
En 1937 firmó con Alemania y Japón el Pacto Anticomunista que dio como resultado el Eje Roma-Berlín-Tokio.
Mussolini se retiró de la Sociedad de las Naciones, como lo había hecho también Alemania. En 1938 ocupó Albania y selló el pacto de acero con Hitler. Así Mussolini subordinó su política exterior a la de la Alemania nazi e intervino en la Segunda Guerra Mundial como aliado de Hitler.
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