30- América Latina en la crisis del 30´
América Latina en la Crisis del 30´
En la medida en que la totalidad de las economías latinoamericanas estaban basadas en la exportación de productos agropecuarios y minerales, esta situación redujo los ingresos de todos los grupos sociales, aunque los más afectados fueron, una vez más, los sectores populares.
No menos importantes fueron otras consecuencias de la crisis. La adecuación de los países a la nueva situación creada por el derrumbe del orden mundial, implicó profundas transformaciones económicas, sociales y políticas. Veamos algunos de estos cambios.
Los efectos económicos más inmediatos
Si bien todas las sociedades americanas vieron afectados sus intercambios, no todas sufrieron la crisis en el comercio externo de la misma manera.
En algunos países la crisis se sintió menos: son los casos de Venezuela y Honduras. En el primero, el precio de su principal mercancía de exportación, el petróleo, sufrió una caída más leve. En el segundo, el monopolio ejercido por las compañías exportadoras de fruta, de origen estadounidense, les permitió sostener los precios a pesar de la caída de la demanda.
Los países que la pasaron peor fueron aquellos que sumaron a la baja de los precios una fuerte disminución de los volúmenes exportados: sobre todo México (exportador de cobre, plomo y cinc), Chile (exportador de nitratos y cobre) y Bolivia (exportador de estaño).
El descenso de los ingresos hizo que el pago de la deuda externa fuese más difícil. Una de las medidas tomadas para enfrentar los pagos fue la reducción de las importaciones. Pero, a su vez, esta reducción complicó las cuentas de los gobiernos, en gran medida sostenidos por los impuestos al comercio exterior.
Estos desequilibrios también complicaron la situación de las monedas, pues el pago de las deudas implicaba una pérdida de la base monetaria, ya que para pagar se usaba, según los casos, el oro o el dólar atesorado. Si bien en los primeros momentos de la crisis los gobiernos se resistieron a la devaluación y al abandono del patrón oro, cuando Gran Bretaña adoptó ambas medidas, la mayoría de los países latinoamericanos la siguieron.
Sin crédito externo y con recaudaciones fiscales en baja, la mayor parte de los gobiernos suspendió el pago de su deuda externa. Los únicos países que pagaron toda su deuda fueron Argentina, Haití y Santo Domingo.
Los cambios económicos internos
Las dificultades del comercio exterior llevaron a la mayoría de los gobiernos de la región a imponer tasas arancelarias altas, para mejorar los ingresos del Estado. De hecho, esto limitaba las importaciones, sobre todo de maquinarias y manufacturas. A estas medidas se le sumó, como se dijo, una devaluación de las monedas, lo que encarecía los productos importados.
Por todas estas razones, las burguesías americanas encontraron la ocasión favorable a la inversión de capitales, para producir bienes manufacturados en la región (es decir, crearon nuevas industrias y, por consiguiente, aumentó el número de empleos). Este impulso se acentuó sobre todo en países como México, Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Perú, que en la década anterior ya habían iniciado el proceso, todavía incipiente, de industrialización. Se dio entonces un crecimiento del sector industrial orientado a satisfacer su demanda interna, proceso que se conoce con el nombre de industrialización por sustitución de importaciones.
En un principio fue la producción de bienes de consumo directo (los agroindustriales sobre todo, como textiles, bebidas y alimentos) los que caracterizaron este crecimiento. Pero hacia el final de la década de 1930 los llamados bienes intermedios (los provenientes de las industrias química, metalúrgica y del papel) ocupaban ya una importante franja de las actividades fabriles.
Algunos países adecuaron sus economías por otros medios. En Centroamérica y el Caribe, las empresas monopolistas orientadas a la exportación –de frutas, cacao y café– habían desplazado a la agricultura de subsistencia, es decir aquella dedicada a la alimentación de la población. Esto había fomentado la importación de productos agrícolas para consumo interno.
Pero la crisis limitó esa posibilidad, lo que hizo que las clases propietarias empezaran a producir internamente lo que antes se compraba en el exterior. Surgió entonces un proceso de agricultura sustitutiva de importaciones.
Aun cuando en la década de 1930 los grupos dominantes y los gobiernos conservaran la esperanza de una recuperación de las exportaciones, los sectores que más crecieron fueron aquellos orientados, como se dijo, a los mercados internos.
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