26- Cultura y Sociedad

 Cultura y sociedad

Buenos Aires: transformación en una gran ciudad

Hasta mediados del siglo XX, la población de la ciudad de Buenos Aires fue creciendo a pasos agigantados: en 1895, Capital Federal contaba con 663.854 habitantes; en 1914 con 1.575.814 (el 20% de la población del país); y en 1947, con 2.981.043. A partir de ese momento, el número de pobladores porteños se estancó (para 1960, la población del Gran Buenos Aires la había superado), aunque el crecimiento económico prosiguió hasta 1976 (con la última dictadura militar, la ciudad se transformó en expulsora de mano de obra y de establecimientos industriales).

Argentina se fue transformando en un país con una gran proporción de población urbana: en 1895, el 37,4% vivía en poblaciones de más de 2.000 habitantes; en 1914, el 52,7%; en 1947 el 62,2%; y, actualmente, casi el 90%.

El incremento poblacional tuvo lugar en un momento de prosperidad económica, que se reflejó en la europeización y el embellecimiento de la ciudad a partir de 1880: la construcción de la Aduana, la Casa de Gobierno, el Teatro Colón, la Avenida de Mayo (1895), y de hermosos palacetes privados en barrio Norte. También se invirtió en obras de infraestructura: se construyó el puerto Madero, para las intensas actividades de exportación e importación; desde 1902 se extendieron y electrizaron los tranvías (antes de tracción a caballos), se construyó el primer subterráneo en 1914, aparecieron los ómnibus y los colectivos, se extendieron las líneas férreas suburbanas, se electrificó a partir de 1882 el alumbrado público, se construyeron el Balneario Municipal, la avenida Costanera y la Avenida de Circunvalación (General Paz, trazada en 1887), y se fueron cubriendo servicios de salud a partir de la creación de la Asistencia Pública en 1884.

La gran cantidad de inmigrantes que, hasta 1920, llegaron a Buenos Aires, que no estaba preparada ediliciamente para recibirlos, hizo que los propietarios de obsoletas viviendas señoriales del barrio sur (abandonadas por las clases altas para trasladarse al barrio Norte debido a las epidemias de fiebre amarilla de 1871) alquilaran sus cuartos a familias enteras, sin control del Estado, en condiciones infrahumanas de hacinamiento y precariedad. De este modo surgieron los conventillos, donde se compartía el patio central, en el cual se lavaba y tendía la ropa, el baño y a veces la cocina. La mayoría de ellos albergaban más de cien personas: el censo de 1887 revela que hay sólo 33.804 casas para 429.558 habitantes, y los inquilinatos o conventillos alojan al 27% de la población total. Los conventillos eran manejados por los propietarios a su voluntad a través de encargados, por lo que en 1907 se realizó una huelga de inquilinos, reprimida por la policía. Recién en 1917 el gobierno dictó una ley de alquileres para brindarles mejores condiciones a los inquilinos.

La Comisión Nacional de Casas Baratas construyó algunos barrios populares en 1915 y 1923; posteriormente la Municipalidad siguió con otros emprendimientos, pero no era una política planificada ni suficiente para los requerimientos urbanos. El bienestar económico generado por el pleno empleo de décadas posteriores posibilitó el acceso de los trabajadores a viviendas propias, y así fue desapareciendo el conventillo.

 

Formación de una cultura popular urbana

Los “cien barrios porteños” fueron surgiendo, algunos de forma espontánea a lo largo de las vías del tranvía o de las avenidas, otros alrededor de centros económicos (el puerto, mercados, mataderos) o de atracción (jardines zoológico y botánico, quintas de veraneo), aprovechada la oportunidad por rematadores que supieron hacer el negocio del loteo.

En los barrios se popularizó el fútbol en los potreros, y fue aumentando el público que concurría a las canchas. River Plate inauguró su nuevo gran estadio en 1923 (se mudó de su anterior cancha en Dársena Sud a un barrio aristocrático); Boca Juniors en 1924; Independiente en 1928 (el primero de cemento) y San Lorenzo amplió el suyo en 1928.

El conjunto nacional ganó por primera vez el Sudamericano en 1921, y les ganó a los campeones olímpicos (el equipo uruguayo) en un amistoso en 1924, lo que provocó la euforia de la gente: el fútbol argentino se convirtió en “pasión de multitudes”.

Una de las instituciones que se convierte en favorita como punto de reunión a lo largo del siglo XIX y fundamentalmente a comienzos del siglo XX es el “café”, donde se juntan los parroquianos para charlar, hacer negocios y “arreglar el país”. Allí, representantes de la bohemia intelectual encuentran su lugar para compartir y ser reconocidos por sus pares. De los que quedan en pie, el más reconocido es el Café Tortoni, sobre Avenida de Mayo, que congregó a gente de letras, artistas y músicos, entre ellos a Carlos Gardel. La mayoría de los concurrentes eran hombres; en general, sólo iban mujeres vinculadas al mundo cultural porteño (como Alfonsina Storni) y a la prostitución clandestina. Las mujeres de clase media y alta, después de la década de 1930, comenzaron a concurrir a las modernas y “pitucas” confiterías.

 

El tango

Desde los primeros años del siglo XX se fue afianzando una música ciudadana, el tango. Surgido quizá de la mezcla de varios ritmos como el candombe y la habanera, fue tocado al principio en los bailables de arrabal, alternando con valses, polcas y mazurcas.

Pese a su popularidad, el tango no fue bien recibido en los hogares “decentes”: en 1905 la revista Caras y Caretas se indignaba por la inclusión de esa danza libertina en los bailes de carnaval. Prohibido inicialmente por la Santa Sede por obsceno y sensual, fue aceptado después de una demostración ante el Papa, y alcanza su reconocimiento en Europa. Ingresó de a poco en las casas porteñas de la “buena sociedad” en transcripciones para piano; inicialmente se tocaba con pocos instrumentos: flauta, violín y guitarra (antes de que apareciera el bandoneón, que le dio un sello definitivo al estilo), luego se formaron orquestas completas.

Los primeros tangos fueron sólo instrumentales o acompañados por letras pícaras, acordes con los lugares donde se bailaba. También se hicieron tangos con temas políticos y de protesta social, que a veces se incluían en las representaciones de sainetes.

En la década de 1920 se difunde el tango-canción, y encuentra verdaderos poetas que les dan calidad a las letras, como Enrique Santos Discépolo, Cátulo Castillo y Homero Manzi, entre otros. Algunas son de denuncia social, como las de Discépolo (Cambalache), otras cantan a un amor desdichado, a la madre que se recuerda, a la muchacha del barrio que dio el “mal paso”, pero la característica general es que la letra es quejosa, nostálgica o amarga.

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

6- Neocolonialismo: las nuevas conquistas en Asia, África y Oceanía

5- Transformaciones del Capitalismo

3- La División Internacional del Trabajo