23_ Argentina, Reforma del Sistema Político
Argentina - Reforma del sistema político
La Ley Sáenz Peña
Roque Sáenz Peña asumió la Presidencia de la Nación el 12 de octubre de 1910, con Victorino de la Plaza como vicepresidente. Le había propuesto a Yrigoyen integrar su gabinete con dos ministros radicales, pero él no aceptó, diciendo que no buscaba ministerios sino comicios honorables.
Sáenz Peña debió delegar el mando en numerosas oportunidades en su vicepresidente. Sin embargo, su medida más importante fue concretada en febrero de 1912 con la promulgación de la Ley 8.871, que establecía el voto universal, secreto y obligatorio, conocida como Ley Sáenz Peña.
La anterior ley electoral, aprobada en 1903, había establecido que podía ser elector todo argentino mayor de 18 años de edad, o cualquier ciudadano naturalizado que no tuviese incapacidades legales y que estuviera inscripto en el Registro Cívico Nacional.
Se implementaba de este modo un padrón permanente, que se actualizaría cada cinco años. Al votante se le entregaba una libreta con varias hojas en blanco, que era obligatoria para el desempeño en empleos públicos. En cuanto a los distritos electorales, proclamaba el sistema uninominal: se dividía el territorio en tantas circunscripciones como candidatos a diputados hubiese, de modo tal que se votara sólo uno por circunscripción. Este sistema permitió que el diputado socialista Alfredo Palacios resultase electo por el barrio de La Boca. Palacios presentó los primeros proyectos de legislación obrera, así como el pedido de derogación de la Ley de Residencia.
El sistema de votación uninominal o por circunscripciones tuvo poca duración; luego de tres elecciones se volvió nuevamente al sistema de lista completa o pluralidad de sufragios: cada distrito presentaba la lista completa de diputados, y ganaba la lista que obtuviera mayor cantidad de votos.
La Ley Sáenz Peña buscó perfeccionar este sistema. Por un lado, el padrón electoral se confeccionaría sobre la base del registro militar, con lo cual se determinaba que votaran sólo los varones. Por otro, el Poder Judicial Federal era el que debía organizar y supervisar las elecciones. El sistema elegido fue el de lista incompleta, mediante el cual se le daba un tercio de las bancas de diputados a la minoría, siempre que hubiera tenido al menos un 25% de los votos. Es decir, ya la lista que obtenía el primer lugar no tenía todos los cargos, sino que se admitía en parte al partido que salía segundo. Y se impuso el voto obligatorio para crear al “sufragante”, ya que el pueblo, acostumbrado a que su voluntad no fuera decisoria, no concurría a votar. El voto optativo o voluntario favorece a las oligarquías, ya que los partidos con considerables medios económicos pueden movilizar mayor cantidad de votantes, haciéndolo sólo con los que son adeptos.
La Ley Sáenz Peña se promulgó pensando en que si el Partido Radical (UCR) obtenía la minoría integraría el gobierno y dejaría de molestar con revoluciones. Cuando Sáenz Peña dijo “Quiera mi país votar”, nunca pensó que sus opositores ganarían las elecciones.
El ocaso del régimen roquista
La aplicación de la Ley Sáenz Peña hizo que los radicales abandonaran la abstención electoral, pese a las reticencias de Yrigoyen. Tuvieron éxito resonante en varios lugares (aunque también fracasos), y las posibilidades de ganar hicieron aumentar el caudal de adherentes. El levantamiento de la abstención los favoreció, porque hubo quienes se alejaron del radicalismo por su constante abstencionismo.
Al morir Roque Sáenz Peña, lo sucede su vicepresidente, Victorino de la Plaza. El país disfrutaba de una situación próspera, y el descubrimiento de yacimientos petrolíferos en Comodoro Rivadavia auguraba una buena explotación del producto. De la Plaza se preocupó por los asuntos económicos y financieros, y fue visto por la opinión pública como un conservador resignado a llevar adelante una política reformista que no compartía. Insistió en la necesidad de reconstruir los partidos tradicionales a fin de contribuir a la estabilidad de las instituciones, cumpliendo el deseo de Pellegrini y de Sáenz Peña de permitir elecciones limpias, satisfaciendo así una ansiada aspiración nacional.
La muerte del ex presidente J. A. Roca en octubre de 1914 termina de marcar el final de una época de monopolio del poder por los sectores oligárquicos.
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