21- Período de entre-guerras. El Estado Liberal y su crisis
El período de entreguerras: El Estado Liberal y su crisis
1. Liberalismo, conservadurismo y socialismo
Durante todo el siglo XIX y comienzos del siglo XX en Europa «occidental» se fue desarrollando un proceso de democratización política paulatina. El Estado liberal, con gobiernos constitucionales y principios liberales (libertades de expresión, de opinión y de reunión), fue imponiéndose por sobre las ideas conservadoras que seguían propiciando las monarquías absolutas. Sin embargo, en España, Rusia y Turquía, antes de 1914 continuaba el modelo político absolutista.
Tanto en Francia como en Inglaterra existían regímenes parlamentarios representativos, es decir, con elecciones para constituir las Asambleas o Parlamentos legislativos. Alemania, hasta 1914, no puede ser considerada «democrática»: el emperador tenía el mando supremo, con libertad para nombrar a su ministerio, por lo que el Primer Ministro no tenía relación con el sufragio popular. Tenía un Parlamento elegido por sufragio universal (Reichstag), que aprobaba el presupuesto anual, pero su autonomía era restringida.
Al terminar la Primera Guerra la monarquía había desaparecido de Alemania y todos los estados nuevos –Polonia, Checoslovaquia y los países bálticos– establecieron repúblicas.
Si bien al comenzar el siglo XX la democracia liberal había progresado en Europa Occidental y en América, la tercera parte de la población del mundo vivía bajo el sistema colonial, y estaba privada de las libertades y derechos de los cuales gozaban los ciudadanos de los propios estados colonialistas europeos (Francia, Inglaterra o Alemania). Por lo tanto, los derechos y las libertades no eran tan universales.
Por otra parte, la ideología liberal, que impulsó la transformación del Estado absolutista o despótico y su reemplazo por un Estado fundado en una Constitución que garantizara los derechos individuales y políticos, confrontaba con la aparición de ideologías como el socialismo o la democracia radical –que luchaban por beneficios sociales, políticos y económicos para las clases trabajadoras–, lo que condujo a que se unieran los sectores o partidos conservadores con los liberales.
A partir de la Revolución Bolchevique en Rusia, los partidos socialistas europeos se dividieron en dos tendencias: los partidos socialistas, partidarios de las reformas y la participación en los parlamentos (con diputados), y los partidos comunistas. Los partidos socialistas más importantes son el alemán (llamado Partido Socialdemócrata, que contaba con un millón de afiliados y una gran fuerza electoral), el austríaco, el sueco y el Partido Socialista francés. Estos partidos socialistas constituyeron la Segunda Internacional. En Inglaterra se denomina Partido Laborista, que surgió como el partido de los trabajadores industriales, estaba vinculado a los sindicatos y en 1922 ganó por primera vez más representantes que el Partido Liberal.
Con la propagación de los partidos socialistas que aceptaban competir democráticamente por bancas en los parlamentos (partidos socialdemócratas), las reformas se hicieron más comunes en el resto de Europa. En Italia se proclamó en 1912 el sufragio universal, y en 1913 los socialistas ya ocupaban 50 bancas parlamentarias. En 1921 se produce la separación entre socialistas y comunistas, cuyas organizaciones sufrirán la persecución del fascismo. Bajo el régimen de Mussolini, el dirigente comunista Antonio Gramsci fue encarcelado entre 1926 y 1934.
Como vimos, en 1919 Lenin funda la Internacional Comunista o III Internacional, que reúne a todos los Partidos Comunistas.
La ampliación del sufragio
El liberalismo implantado en algunos países de Europa no implicaba democracia. El concepto “democracia” (gobierno del pueblo) se opone a oligarquía (gobierno de unos pocos, en favor de sí mismos), y era todavía una minoría la que controlaba el poder y el parlamento; en el caso de los regímenes oligárquicos de los Estados americanos (Argentina, México, Perú, Chile, Bolivia), entraron al siglo XX sin el sufragio universal.
El derecho al voto se fue ampliando en sucesivas reformas. Al principio, dijimos, era restringido a una parte de los ciudadanos, con criterios basados en la renta (de acuerdo con los bienes que tuvieran o los impuestos que pagaran), en la educación (si era analfabeto o no), en el sexo (al principio sólo votaban los hombres) o en la «raza» o etnia (en Sudáfrica, las primeras elecciones plurirraciales fueron en 1994).
En Inglaterra, recién en 1918 se estableció el sufragio universal, incluidas las mujeres mayores de treinta años. En la época victoriana (1831-1901), en ese país se consolidó el régimen parlamentario, y el poder fue ejercido alternadamente por primeros ministros conservadores y liberales.
El Partido Obrero, o Partido Laborista Independiente, recién comenzó a participar del gobierno con dos diputados socialistas en 1892. Los liberales popularizaron la educación, y a partir de 1906 ampliaron los derechos sindicales, votaron numerosas leyes sociales como la protección frente a los accidentes de trabajo y durante la vejez; y también realizaron una reforma impositiva que estableció gravámenes progresivos a la riqueza.
En 1911 abolieron la desigualdad entre la Cámara de los Lores (miembros hereditarios del Parlamento inglés) y la de los Comunes: los lores sólo podían dar ahora un veto suspensivo de dos años sobre las leyes no financieras, y perdieron sus poderes respecto del presupuesto.
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