2- La Segunda Revolución Industrial

 La Segunda Revolución Industrial

La primera etapa de la Revolución Industrial se había desarrollado en torno a la industria textil, fundamentalmente en Inglaterra, pero comenzó a declinar hacia 1840. Sin embargo, ya había comenzado una segunda fase, impulsada por la revolución en los transportes (el buque a vapor, pero sobre todo, el ferrocarril), que dinamizaría a otros sectores de la economía: las industrias del carbón, el hierro y el acero.

En esta etapa, la fuerza motriz fundamental sigue siendo la máquina de vapor, aunque se comenzarán a desarrollar equipos para aprovechar fuentes alternativas de energía, como la electricidad y el petróleo. Con la expansión de su industria (tenía un millón de mineros antes de la Primera Guerra Mundial, las líneas del ferrocarril y capitales en gran parte del planeta), Gran Bretaña creía tener asegurado su puesto como líder industrial.

Sin embargo, las ventajas de la primera industrialización se estaban volviendo obsoletas en comparación con los nuevos desarrollos de los alemanes y norteamericanos. Es decir, cuando comienza la nueva etapa, denominada segunda revolución Industrial. 

El desarrollo en Europa no era parejo. Los primeros países continentales que tuvieron un proceso de industrialización fueron Francia y Bélgica. Alemania consolidó la revolución industrial en la segunda mitad del siglo XIX.

También en Rusia comenzaron a instalarse industrias de tipo capitalista, aunque el 55% de ellas tenían capitales de origen belga, francés, alemán y británico.

Estados Unidos tuvo un fuerte impulso industrial al consolidarse el Estado tras la Guerra Civil o de Secesión y la liberación de los esclavos sureños en 1865. La expansión hacia el oeste y el desarrollo de la agricultura impulsaron la mecanización de las cosechas; los Estados Unidos fueron los primeros en aplicar la máquina a vapor en el arado y en la cosechadora.

 

 

La expansión del ferrocarril

La locomotora a vapor fue transformando la vida económica de los diferentes países. Para los países extensos con pocas vías fluviales que sirvieran como vías de transporte, el ferrocarril cumplió un papel fundamental, dado que acortaba las distancias e integraba las producciones de las regiones más distantes a la economía nacional e internacional. 

En los EE.UU., en 1869, el ferrocarril transcontinental logró unir el este con el oeste. En Rusia se construyó el ferrocarril transiberiano, y en la Argentina, su desarrollo posibilitó la salida de los productos exportables hacia el puerto, el abaratamiento de los fletes, y los cereales se convirtieron en una de las exportaciones básicas de nuestro país.

El ferrocarril se transformó en el símbolo del “progreso” y modernización, ya que permitía introducir la revolución industrial o recibir al menos sus ventajas tecnológicas. 

Todos los estados latinoamericanos del siglo XIX comenzaron la extensión de vías férreas, recurriendo a los préstamos externos y a las compañías extranjeras.

En México, el Ferrocarril Interoceánico, que alcanzaba el puerto de Acapulco en el Pacífico, fue otorgado a capitales británicos. En Panamá, en cambio, la línea que cruzaba el istmo fue construida por capitales norteamericanos.


En las últimas décadas del siglo XIX se empleaba la electricidad en las señales ferroviarias, y comenzaron los intentos por imponer la electrificación de los ferrocarriles, aunque no fue masiva en esa época, en que la mayoría eran propulsados a vapor.

Más tarde se fue imponiendo el motor diesel en las locomotoras, excepto para los trenes subterráneos, que necesitaban evitar la contaminación del aire, por lo que se hicieron eléctricos, y para el transporte de pasajeros urbanos en tranvías y trolebús. 

El ferrocarril contribuyó a la creación de este mercado mundial, y estimuló la producción de hierro y carbón. De este modo, se instalaron en países como EE.UU. o Rusia, industrias a lo largo del tendido del ferrocarril, o se favoreció el traslado de materias primas para la industria de países europeos.

El trazado de las redes ferroviarias, que convergía hacia los puertos, denota este objetivo de exportación-importación. La formación del mercado mundial tuvo lugar, entonces, en el contexto de la Revolución Industrial, con la revolución en los transportes. 

El comercio internacional fue creciendo progresivamente, y se fueron acentuando las desigualdades entre los países industriales y los exportadores de materias primas. 

La mayor parte del intercambio comercial era desde y hacia Europa, hasta la Primera Guerra Mundial, en la cual Estados Unidos y Japón comenzaron a incrementar su importancia. 

 

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