19- La Revolución Rusa

 La Revolución Rusa

El Imperio de los zares

A comienzos del siglo XX, el Imperio ruso contaba con una población de 135 millones de habitantes –el 80 % eran campesinos distribuidos de manera desigual en su geografía–, y constituía un verdadero gigante multinacional y muy inestable. Con un vasto territorio que se extendía desde el Pacífico hasta las fronteras con Alemania, el Imperio incluía a diferentes pueblos y nacionalidades como polacos, ucranianos, finlandeses y poblaciones bálticas (actualmente Letonia, Lituania y Estonia).

Su atraso respecto de la Europa Occidental situaba a Rusia en la periferia de la economía capitalista, pero su condición de potencia secundaria no constituyó una dificultad para el veloz proceso de industrialización de algunas zonas y el desarrollo de vías férreas bajo el gobierno de los zares, cuyo símbolo fue el ferrocarril transiberiano, construido en la década de 1890.

El atraso político del imperio ruso estaba dado por su carácter de monarquía absoluta ejercida por la dinastía Romanov. Este régimen, obsoleto para el siglo XX, no le impedía al Zar Nicolás II emprender aventuras de gran potencia, como su intervención en las guerras balcánicas o las conquistas en el Lejano Oriente, que enfrentaron a Rusia con la expansión japonesa (guerra ruso-japonesa en 1904/5).

Durante esta última guerra –en la que fue derrotada Rusia– se produjo una revolución (1905) que obligó al régimen zarista a introducir cambios, como la convocatoria de La Duma o Parlamento, que permitió el acceso a la participación política a miembros de partidos opositores.

El viejo Imperio de los Zares ingresó también en la Primera Guerra Mundial como aliado de los países occidentales –Francia, Gran Bretaña y luego los Estados Unidos–, contra los Imperios centrales (Alemania y Austria-Hungría).

 

La oposición a la guerra

Un refugiado político ruso, Vladimir Illich Ulianov, conocido como Lenin, había calificado el conflicto bélico de 1914 como una guerra imperialista, «una guerra de conquista, pillaje y rapiña», por el reparto del mundo, en la que los trabajadores no tenían por qué apoyar a las clases dirigentes de sus respectivos países.

Lenin, miembro y dirigente de los Bolcheviques –un sector del Partido socialdemócrata ruso– había sufrido la persecución zarista, y se encontraba exiliado en Zurich (Suiza), y regresaría a Rusia para convertirse en líder de la Revolución Socialista de Octubre de 1917.

Desde su exilio condenó duramente la pasividad de la segunda Internacional socialista frente a la guerra. Esta organización, fundada en 1889, agrupaba a los partidos socialistas de distintos países y dejó de existir en 1914. Al comenzar la guerra –según Lenin– sus líderes traicionaron la causa del socialismo y se colocaron del lado de sus gobiernos imperialistas.

Lenin consideraba que los socialistas debían paralizar la guerra mediante huelgas o promoviendo la deserción de los soldados. Pero los obreros fueron captados por el nacionalismo y el patriotismo en cada país.

 

El Zar ruso, destronado por la revolución

Mientras tanto, en Rusia surgía una creciente oposición a la guerra. Los soldados rusos, movilizados para el frente contra los alemanes, comenzaron a desertar, desmoralizados por el frío y la falta de armamento. En la capital del Imperio,  Petrogrado, un creciente descontento se manifestó en los barrios populares al establecerse el racionamiento de alimentos. La escasez de carbón y la desesperación frente a las interminables filas en las tiendas desencadenaron los disturbios.

La desobediencia y la sedición de los soldados continuaron. En la capital, la guardia imperial de los cosacos no se atrevió a sofocar las manifestaciones obreras que pedían: «paz y pan». El Zar Nicolás II respondió con la orden de disolver el Parlamento, al que veía como un foco de oposición. Pero comenzaron a amotinarse los regimientos imperiales y la flota rusa situada en el mar Báltico.

Se creó un Gobierno Provisional, presidido por uno de los miembros de la Duma, que pretendía instalar una monarquía constitucional. Simultáneamente, se había improvisado en la capital un consejo o soviet de obreros. Un tren en el que viajaba el Zar fue desviado por los ferroviarios y detenido en una estación por soldados sublevados, y éste tuvo que abdicar (renunciar) sin resistencia.

Con la caída del viejo régimen zarista, el Zar fue reemplazado por dos poderes o autoridades: el Gobierno Provisional –que pretendía continuar la guerra y convocar una asamblea constituyente– y el Soviet de Petrogrado.

 

Lenin y la guerra

El malestar en el frente se expresaba en las deserciones masivas, y el nuevo régimen parecía incapaz de resolver el problema de la guerra. Los países occidentales habían apoyado al Gobierno Provisional, temerosos de que Rusia se retirara de la contienda.

En abril de 1917, Lenin regresó a Rusia con una postura hostil a «la guerra imperialista de rapiña»; pedía, entonces, la «paz sin anexiones» (es decir, sin conquista de territorios). Rusia debía declararse «libre de todo compromiso» con los países aliados en una guerra a la que había ingresado por iniciativa del zar depuesto. La paz era un llamamiento a los gobiernos y a los pueblos; Lenin creía que la revolución proletaria era eminente en Europa y que los trabajadores, al ver que sus gobiernos no querían la paz, se levantarían.

Mientras tanto, las embajadas francesa y británica presionaban por la continuidad de Rusia en la guerra; si ésta decidía retirarse unilateralmente, se cerraba un frente y se facilitaría una gran ofensiva alemana. Por su posición antibelicista, Lenin fue acusado de «agente alemán», de trabajar como «espía al servicio de Alemania», debido a su pretensión de que el nuevo poder en Rusia firmara la paz por separado con «el imperialismo alemán». La agitación de su partido (el Partido Bolchevique) determinó la detención de algunos miembros, y el propio Lenin tuvo que refugiarse en Finlandia.

Pero, así como la oposición a la guerra fue decisiva para acabar con el régimen zarista, también lo sería para el triunfo de la Revolución bolchevique en octubre.



Comentarios

Entradas populares de este blog

6- Neocolonialismo: las nuevas conquistas en Asia, África y Oceanía

5- Transformaciones del Capitalismo

3- La División Internacional del Trabajo