16- La guerra de trincheras

 La guerra de trincheras

La primera guerra se desarrollaba, pese al avance tecnológico, con características similares al siglo XIX en cuanto al gran despliegue de ejércitos en los campos de batalla y a la ocupación de territorios, donde se formaron distintos frentes de combate. La aviación comienza a tener un pequeño papel, muy distante todavía del que va a cumplir en la Segunda Guerra Mundial.

El avance alemán en el frente occidental se detuvo a pocos kilómetros de la ciudad de París. La guerra se desarrolló en territorio francés, principal campo de batalla. Y hasta la revolución rusa, Alemania tuvo que enfrentar también el frente oriental (del Este).

Los ejércitos se inmovilizaron y adoptaron posiciones fijas que se denominaron guerra de trincheras. Difícil imaginarse aquel mundo de líneas de trincheras y fortificaciones improvisadas que se extendían desde el Canal de La Mancha hasta la frontera suiza.

Las posiciones no se modificaron durante tres años. Los combatientes paralizados en pozos de tres metros de profundidad, plagados de ratas y cadáveres descompuestos, permanecían hundidos en el barro. Estaban rodeados de alambres de púas y expuestos a los gases venenosos o a los bombardeos aéreos. La tensión aumentaba por el agotamiento, el frío o la lluvia, se encontraban mal abastecidos y víctimas del sueño mientras esperaban los relevos.

En 1916, los alemanes intentaron romper sin éxito la línea defensiva de Verdún, en Francia. Durante varios meses, los franceses dirigidos por el general Pétain detuvieron en una larga acción de desgaste de la ofensiva alemana; en la batalla hubo un millón de bajas.

El frente occidental recién se movilizó con la entrada de los Estados Unidos en 1917 y la última etapa de la guerra fue de movimiento, en la que Alemania –agotada por los esfuerzos bélicos– retrocedió lentamente.

 

La guerra submarina

En 1915 el Imperio alemán proclamó una zona de guerra submarina alrededor de las Islas Británicas, cortando las principales rutas de abastecimiento por el Atlántico (petróleo y alimentos). En mayo de ese mismo año, fue hundido el transatlántico Lusitania frente a la costa irlandesa; entre sus 1198 pasajeros había 128 norteamericanos. El presidente Wilson exigió enérgicamente a Alemania que abandonase sus métodos de guerra submarina.

El submarino era un arma marítima eficaz, pero cuestionable desde las normas internacionales, que exigían a todo navío de guerra realizar una advertencia a barcos mercantes enemigos a fin de retirar pasajeros y tripulación antes de hundirlo. Pero en 1917, el gobierno alemán anunció la guerra submarina total, con lo cual se rompieron las relaciones diplomáticas entre Washington y Berlín.


 

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