13- La Revolución Mexicana

La Revolución Mexicana

El problema campesino y la Revolución

La fuerte presencia norteamericana en México aumentó a un ritmo más rápido a partir de la pérdida de vastos territorios en la guerra de 1848, y con la abierta movilidad que ofrecía la frontera a los sectores campesinos del norte mexicano, como migrantes temporarios y braceros. Acerca de esta fatalidad geográfica, señalaba el presidente mexicano Porfirio Díaz, sobre su país: "Tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos".

En México, entre las víctimas del neocolonialismo y los grandes hacendados se destacan los sectores rurales. El país, que en 1910 contaba con 15 millones de habitantes y nueve millones de campesinos sin tierras –mestizos e indígenas–, era esencialmente un país rural. Pero había iniciado un proceso de modernización en el campo que despojó al campesinado de sus derechos adquiridos, y acentuó la apropiación de tierras comunales por las grandes empresas azucareras. Este despojo agrario y el peonaje por deudas (situación de endeudamiento crónico de los campesinos desposeídos), fueron los detonantes de la revuelta campesina mexicana que estalló en 1910.

La concentración de tierras se había acentuado bajo el régimen político del general Porfirio Díaz, quien gobernó México durante treinta y un años, de 1876 a 1880 y luego, desde 1884 a 1911 en forma consecutiva. El avance de las grandes propiedades o haciendas fue, durante este período, paralelo al de los cultivos de exportación (el henequén o sisal, el caucho, el café) y al ferrocarril, a expensas de las comunidades indígenas y el sometimiento completo de los territorios controlados por “indios de guerra” (la “pacificación” de los Apaches, los indios Yaquis de Sonora y los Mayas de Yucatán).

Los ideólogos del gobierno de Díaz eran positivistas, manifestaban su desprecio por el pueblo indio, proyectaban eliminarlo y traer como elemento de población y progreso a inmigrantes europeos. Las comunidades indias fueron desposeídas de las tierras de riego, por el deslinde de los baldíos, la división de las tierras comunales y la expropiación como castigo por rebelarse.

El Porfiriato –denominación del régimen de Porfirio Díaz– avanzó hacia una dictadura de carácter vitalicio; se mantuvo en el poder ininterrumpidamente por reelecciones y degradó al Congreso a un papel decorativo hasta considerarlo su caballada.

La creciente oposición al régimen fue encabezada por Francisco Madero, un hacendado del norte que declaró nulas las elecciones de 1910 y, en medio de masivas acusaciones de fraude, desconoció al nuevo gobierno de Díaz (quien contaba con 80 años) que había sido elegido para un sexto período presidencial. Exigió, además el sufragio efectivo y la no reelección, llamando a la insurrección armada, que estallaría luego en diferentes Estados mexicanos.

Las acciones militares de Madero derrocaron a Porfirio Díaz en 1911, desataron una guerra civil y la aparición de dirigentes militares regionales como Emiliano Zapata en el Estado de Morelos, Venustiano Carranza en Coahuila y Francisco villa en Chihuahua –el legendario “Pancho Villa”–, que continuó la insurrección en el norte.

Estos líderes organizaron fuerzas campesinas y se unieron a la revolución maderista. Pero la política conciliadora de Madero con el ejército porfirista –había pactado la disolución de las tropas revolucionarias– llevó a la ruptura y al enfrentamiento entre las distintas fuerzas.

Carranza se transformó en el jefe del ejército constitucionalista. En 1914 las fuerzas villistas y zapatistas ocuparon conjuntamente la ciudad de México y sus soldados campesinos desfilaron por las calles de la capital. Finalmente, Carranza asumió el gobierno provisional y fue reconocido por los Estados Unidos. En 1917, promulgada la nueva Constitución, sería elegido como presidente constitucional.

 

La revolución zapatista en Morelos

De todos los ejércitos revolucionarios, los zapatistas del estado de Morelos en el sur habían reclutado 15.000 regulares. El objetivo de la lucha de Zapata era el reparto de tierras entre los campesinos (mayoritariamente indígenas), y el reclamo de antiguos derechos sobre campos, bosques y ríos. Contaba con el apoyo decisivo de los poblados. El aislamiento permitió un desarrollo autónomo de la revolución, que adquirió una dinámica propia en Morelos.

Allí los hacendados reforzaron sus guardias armadas en las haciendas. Hasta 1911 los zapatistas no atacaron a las grandes propiedades, e incluso los campesinos concurrieron a la zafra. Pero luego se aplicó el denominado plan de Ayala, que dispuso la restitución de tierras y aguas despojadas a las comunidades por las haciendas. Y en 1912, los zapatistas impusieron el cobro de un impuesto a los grandes hacendados, bajo la amenaza de incendiar sus campos de caña.

Se trató de una verdadera revolución campesina en las ricas tierras azucareras: los ingenios para moler la caña y las destilerías fueron confiscadas por las autoridades zapatistas, se integraron comisiones agrarias encargadas de estudiar planos, definir límites y deslindar terrenos para la distribución de tierras. Se abolieron las tiendas de raya (proveedurías del interior de las haciendas, en las que se debía pagar con bonos) y la servidumbre por deudas.

Si bien se aprobaron leyes agrarias en otros estados mexicanos –Pancho Villa había dispuesto confiscaciones en Chihuahua, donde ejercía su dominio–, la legislación agraria en Morelos fue más avanzada y apuntó a una verdadera reforma agraria. El líder campesino Emiliano Zapata fue asesinado en 1919.

 

La intervención norteamericana

Frente a la guerra civil que desencadenó la Revolución Mexicana, el gobierno de los EE.UU. exigió garantías en la frontera y para los residentes extranjeros en México, así como la protección de los negocios norteamericanos. En 1914, el presidente Wilson decidió la intervención estadounidense: concentró tropas en Texas y envió cuatro barcos de guerra a los puertos mexicanos; la flota norteamericana dispuso el desembarco y la ocupación de Veracruz.

En la frontera se intensificaron las acciones de Pancho Villa; en 1916 una partida villista asaltó un tren de pasajeros y dio muerte a quince norteamericanos. El gobierno de Washington reclamó el restablecimiento del orden y pidió la captura del revolucionario mexicano. Carranza –quien había declarado a Villa fuera de la ley– organizó una campaña punitiva, al mismo tiempo que solicitó al gobierno de los Estados Unidos el retiro de sus tropas del territorio mexicano. Éstas habían traspasado la frontera por el estado de Chihuahua, lo cual constituía un acto de invasión. Pancho Villa continuó sus incursiones atacando pueblos de Nuevo México y consolidó su leyenda como héroe popular perseguido por el ejército norteamericano.

Otro motivo de conflicto con Washington fue la Constitución mexicana de 1917, que incorporaba los cambios de la Revolución: establecía la protección al trabajo, el reconocimiento del derecho a las tierras comunales, enunciaba el fraccionamiento de los latifundios y declaraba que todo el petróleo del subsuelo pertenecería a la nación.

La política nacionalista de Carranza al reglamentar este último artículo constitucional –dispuso un impuesto a la producción del petróleo y la obligación de las empresas de solicitar permisos antes de iniciar las perforaciones–, lesionó los intereses extranjeros y desencadenó una campaña de protesta de las compañías petroleras y fuertes presiones del gobierno de Washington.

 

El significado de la Revolución Mexicana

- Fue el primero de los movimientos revolucionarios del siglo XX, que comenzó como un levantamiento contra la dictadura personal y a favor de reformas políticas.

- La Revolución fue local y regional antes de transformarse en nacional. En algunos Estados, como el de Morelos, estalló como movimiento esencialmente agrario, que movilizó a los campesinos y exigió reformas sociales más profundas.

- Se extendió durante tres décadas y culminó con la presidencia de Lázaro Cárdenas.

- Dio origen en 1929 a un partido oficial heredero de la revolución, el Partido de la Revolución Mexicana, transformado a partir de 1946 en partido Revolucionario Institucional (PRI), y la instauración de un sistema unipartidario.

- Con un discurso indigenista, nacionalista y estatista, la Revolución significó la ruptura con el liberalismo económico tradicional que predominaba en Latinoamérica desde la instauración de un orden neo-colonial. Algunas de sus medidas avanzaron en reformas profundas para la época: el reparto de tierras, la nacionalización de los ferrocarriles, de las empresas petroleras extranjeras y el control estatal de la explotación del petróleo. Además, proclamó la integración de las dispersas comunidades indígenas, al considerarlas como parte de la identidad mexicana. El indio no gozaba de gran aceptación entre las clases dirigentes latinoamericanas, pero en México la Revolución incorporó la tradición indígena como parte de su cultura e historia.

- El rescate de la historia indígena se expresó en el arte, especialmente con los trabajos de los muralistas mexicanos Rivera, Orozco y Siqueiros. Impulsados desde el Ministerio de Educación, estos artistas decoraron con sus obras –pinturas y mosaicos– los muros de edificios públicos con grandes representaciones indigenistas, escenas de la Conquista y de la Revolución Mexicana, lo que les otorgaba un fuerte contenido social.


Comentarios

Entradas populares de este blog

6- Neocolonialismo: las nuevas conquistas en Asia, África y Oceanía

5- Transformaciones del Capitalismo

3- La División Internacional del Trabajo