10- Centroamérica y el Caribe: entre las ocupaciones y la diplomacia del dolar

 


El caribe y Centroamérica: entre las ocupaciones y la diplomacia del dólar

A las anteriores intervenciones norteamericanas como la diplomacia del big stick, entre 1914 y 1934, le suceden las ocupaciones regulares de países, que se prolongan durante años. Se consolida la hegemonía de Estados Unidos y su doctrina de «América para los americanos».

En las primeras décadas del siglo XX, el Caribe, denominado irónicamente «patio trasero» de Estados Unidos en distintas publicaciones, se convierte en el principal cliente de este país. Las mercancías norteamericanas comienzan a afluir, y desplazan a las europeas; las monedas locales quedan sometidas al dólar y las reservas monetarias son depositadas en los bancos norteamericanos. Además, se consolidan las inversiones y las compañías obtienen grandes concesiones de tierras para plantaciones y ferrocarriles en las cinco repúblicas centroamericanas: Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador y Panamá, cuyas economías de exportación quedan atadas y dependientes del capital extranjero.

Se impone la diplomacia del dólar. Los sucesores de Roosevelt denominaron así a la doctrina que afirma el derecho del gobierno de los Estados Unidos a buscar y proteger negocios lucrativos o inversiones para sus empresarios.

Por ejemplo, la compañía petrolera Standard Oil extendió su poderío y sus ramificaciones fuera de la frontera norteamericana para obtener el crudo, especialmente de Venezuela y México. Más tarde, la compañía obtendrá concesiones petroleras en Sudamérica: Argentina, Paraguay y Bolivia.

La producción azucarera se transformó en manos norteamericanas. Ya no se trataba de las antiguas plantaciones de esclavos bajo dominio europeo, sino de los ingenios a vapor modernos. Las inversiones de la American Sugar Company dominarán la economía de Cuba y Puerto Rico.

 

Centroamérica: el imperio bananero

Otra poderosa compañía norteamericana, la United Fruit Company, expandió sus negocios –plantaciones de bananos– hacia Costa Rica, Guatemala y Honduras. Esta empresa llegó a controlar el 80% de las plantaciones bananeras y la red ferroviaria de los cinco países de América Central, además de ser propietaria de buques mercantes, redes telegráficas, bancos e instalaciones en todos los puertos del Caribe. La United Fruit constituía un verdadero «trust» que controlaba la economía de las llamadas «repúblicas bananeras». Adquirió grandes concesiones de tierras en las costas del Atlántico y del Pacífico, y obtuvo la libre comercialización de bananas sin el pago correspondiente de impuestos a la exportación.

Considerado un período clásico de Centroamérica, el  imperio bananero se extendió desde principios del siglo XX hasta la crisis de 1929, cuando las compañías norteamericanas reemplazaron a los sectores oligárquicos locales dedicados a las plantaciones de café.

Durante el siglo XIX, Costa Rica exportaba café a Inglaterra y a otros países de Europa. Las familias cafetaleras, enriquecidas con este comercio, constituían la clase dirigente del país, tenían sus vínculos con el mercado mundial y estaban ligadas a los intereses ingleses. Pero en el siglo XX, las compañías norteamericanas introdujeron los cultivos de banano, y la producción de café quedó relegada a un lugar secundario.

También bajo la influencia norteamericana, Honduras se transformó en el primer país productor de bananas del mundo, aunque fue reemplazado más tarde por Ecuador.

En los países de Centroamérica, las plantaciones de propiedad extranjera constituyeron un verdadero enclave productivo; es decir, un sector económico prácticamente implantado y dominado por el capitalismo internacional, que se convirtió en un factor decisivo de poder en torno al cual giraron los políticos locales, ya que las compañías bananeras ejercieron su presión sobre los débiles gobiernos hondureños.


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