1- Transformaciones en el Sistema-Mundo a fines del siglo XIX
Transformaciones en
el Sistema-Mundo hacia fines del siglo XIX
Imperialismo,
colonialismo y neocolonialismo
El imperialismo es el sistema
político y económico por el cual los países más poderosos dominan o pretenden
ejercer su control –directa o indirectamente– sobre otros pueblos.
Esta dominación se practicó generalmente mediante el colonialismo,
aunque actualmente es más frecuente el neocolonialismo.
Decimos que hay
colonialismo cuando la autoridad es ejercida directamente –por conquista
o anexión territorial– por el país imperialista o metrópoli, y en
consecuencia, el país sometido o colonia pierde su soberanía.
Las colonias se podrían diferenciar en dos tipos, según sus
características: colonias de
asentamiento, si fueron fundadas por emigrantes europeos para trabajar
y vivir en ellas (como Australia, Canadá y Sudáfrica), o colonias comerciales si fueron conquistadas para obtener
materias primas (como en Asia y África) y son explotadas por compañías
privadas, con el aval y la protección del gobierno de su país de origen.
El neocolonialismo, una nueva
forma de dependencia, se produce cuando el país sometido es independiente
políticamente. La dominación se ejerce sobre su economía, mediante la
acción directa de grandes compañías monopólicas extranjeras (es decir, cuyos
capitales son del país imperialista) que son dueñas de recursos básicos del
país neocolonial, o por medio de la subordinación financiera (créditos y
préstamos) que condicionan la vida política de estos territorios.
Existen diversas formas de imperialismo: las más antiguas existieron
desde las primeras civilizaciones. Sin embargo, en su concepción moderna,
se denomina era del imperialismo al período que comienza aproximadamente en
1875 y culmina con la Primera Guerra Mundial.
En esta época, algunos países comenzaron una expansión sin precedentes
y se repartieron política y económicamente el mundo. Gran Bretaña, por
ejemplo, entre 1880 y 1902 incrementó su imperio en 14 millones de km2.
El colonialismo es un fenómeno central en la historia moderna y
contemporánea, ya que instaura las relaciones entre Europa y el resto del
mundo de un modo desigual.
Más aún, una visión eurocéntrica ha privilegiado el papel de
occidente y de los países europeos como protagonistas de la historia
universal, relegando a un papel secundario a los pueblos africanos,
americanos o asiáticos que fueron sometidos a la dominación
colonial.
A partir de la conformación de la “economía-mundo-capitalista”
y de las transformaciones que siguió el modelo occidental (llamado “progreso”,
“civilización”, “modernización” o “industrialización”), Europa pretendió
instaurar un marco universal y su papel “civilizatorio” en el mundo.
Al mismo tiempo, consideró a las sociedades no europeas como “tradicionales,
atrasadas” y como obstáculos para el progreso.
Es importante destacar que el capitalismo no fue un proceso interno
autogenerado por Europa a partir de la Revolución Industrial, sino que
desde sus orígenes fueron partícipes las economías coloniales.
Esta idea ha intentado ocultar y hacer invisible el colonialismo,
un fenómeno de larga duración, ya que, desde el siglo XVI el sistema-mundo
está en proceso continuo de colonización y re-colonización.
De modo que las naciones de Europa se formaron como estados
colonialistas y recién a fines del siglo XX, en los años 1960 y 1970,
dejaron de serlo, a raíz de los procesos de descolonización.
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